Capitulo 16

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El laboratorio estaba más silencioso de lo normal.

No era el silencio habitual lleno de teclados, centrífugas y el leve zumbido constante de los equipos; era un silencio pesado, denso, como si el aire mismo supiera que algo estaba a punto de cambiar.

Netzi estaba sentada entre Hodgins y Zack, apoyando los codos sobre la mesa metálica mientras sostenía el teléfono con ambas manos. Sus dedos, normalmente inquietos, permanecían tensos, rígidos.

Esperaban.

El tono de llamada se repetía una y otra vez.

Cada segundo se sentía más largo que el anterior.

Hodgins observaba de reojo a Netzi; notaba cómo su respiración era más lenta, controlada, demasiado controlada. Era la forma en la que ella intentaba no quebrarse.

Zack, en cambio, la miraba directamente. Analizaba cada pequeño gesto con precisión casi científica, pero detrás de esa observación había algo más profundo: preocupación.

Finalmente, el sonido se detuvo.

Un clic.

—Si me llamaste por este número significa que las cosas están mal.

La voz al otro lado era firme, grave... pero también cansada.

Los tres respiraron al unísono.

—Sí, abuelo... —dijo Netzi, y su voz salió más suave de lo que esperaba—. ¿Recuerdas del caso que te hablé... sobre el sepulturero?

—Claro que sí. Ese desgraciado...

El tono cambió. Había enojo ahí.

Netzi tragó saliva. Sentía el corazón golpeando fuerte contra su pecho.

Ese caso ya no era solo un caso.

—Abuelo... —continuó— él sabe sobre mi apellido Ramírez.

El silencio llegó de golpe.

No fue un silencio normal.

Fue uno peligroso.

Uno que hizo que el estómago de Netzi se contrajera.

Pasaron dos segundos.

Luego tres.

Entonces—

CRASH.

El fuerte sonido de vidrio rompiéndose atravesó la llamada.

Hodgins frunció el ceño inmediatamente.

Zack enderezó la espalda.

—Netzi —la voz del abuelo volvió, pero ahora estaba cargada de urgencia—, mi niña, por favor vete de ahí. Vete tú y los mocosos a otro lado. Hay una posibilidad de que ellos sepan... podemos reorganizarnos otra vez.

Netzi cerró los ojos un segundo.

Esa palabra.

Otra vez.

Huir.

Cambiar nombres.

Desaparecer.

Como cuando era niña.

Como cuando no tenía control sobre nada.

Su garganta se tensó.

Pero esta vez no era esa niña.

Esta vez no.

—Abuelo... —dijo con firmeza— lo mataron.

Silencio.

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⏰ Última actualización: Feb 19 ⏰

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