Lewis
—¿Qué es lo que pretendes con todo esto? —dice mientras me mira con su ceja perfectamente alzada, como si estuviera evaluando el universo entero con el desprecio de alguien que ya ha visto demasiado.
—Escucha, tal vez no lo parezca, pero esto nos conviene a los dos —respondo desde mi rincón, limpiándome el sudor de la frente mientras observo el desastre que es mi cuarto, que parece decorado por alguien que renunció a la vida a mitad de camino.
—¿En serio? ¿No crees que, si estuviera interesada en tu propuesta y le viera algún beneficio, la habría aceptado desde el principio? —me dice mientras se retuerce en su posición—. Libérame ahora. No puedes mantenerme atada en tu habitación toda la vida. Sabrina va a preguntar por mí, todos lo harán, y tú, tonto rubio teñido, caerás como cayó el modelo geocéntrico.
Vaya, la pelinegra tiene filo. Me salió más Sócrates que secundaria.
Debo admitir que atraparla fue difícil, pero en mi defensa, necesitaba que me escuchara... y ella no parecía muy dispuesta a hacerlo. Sigue sin estarlo, de hecho.
—¿No estás harta de la presión constante de tus padres sobre ti? —pregunto, aunque ni yo sé cómo convencerla de hacer algo que, siendo honestos, tampoco quiero hacer.
—Solo piénsalo: soy un excelente partido. Soy militar, millonario, y lo más importante, soy hermano de esa rubia fastidiosa que tienes por amiga. Una relación entre nosotros sería lo bastante convincente para todo el mundo. ¿Qué más quieres, una carta astral compatible?
—Claro, eso si ignoras el pequeño detalle de que yo no te lo estoy pidiendo. No necesito un novio. Me da igual lo que piensen los demás sobre mí. Además, hace ya mucho tiempo superé las expectativas tóxicas de mis padres —responde, mirándome con esos ojos que parecen océanos en plena tormenta. Su expresión es pura convicción.
—Así que, si eso es todo lo que tienes para decir, te agradecería que me liberaras. Porque te aseguro que nada de lo que dices me interesa. Es más, te preguntaré algo: si te quitaran todo eso de lo que presumes, ¿Qué tendrías para ofrecer?
Rayos. Es tan exasperante. Creí que podría leerla bien, pero me equivoqué. No parece la protagonista arrastrada de la que me habló Haim. Para encaminar esta historia necesito que esta chica se haga mi novia, para que después me la quiten y venga todo el calvario que se supone debe suceder. No quisiera ser el protagonista.
—Todas esas cosas que mencioné: los adornos, decoraciones, aderezos... llámalos como quieras. Tienes razón, son requisitos sin importancia —ella solo me mira fastidiada mientras digo esto, que aunque obvio, necesito reiterar—. Pero no me malinterpretes, porque no estoy ofreciendo otra cosa más que a mí mismo.
—¿¡Qué!?
—Lo que escuchaste. Lo que quiero decir es... —me arrodillo frente a ella, mirándola a los ojos. Quisiera poder decirle todo—. Yo seré tu compañero, Rachel. Me tendrás a mí. Por lo menos hasta que estés con quien realmente debes estar.
Lo siguiente que siento es un fuerte golpe en la frente. Mi cuerpo cae hacia atrás y no reacciono lo suficientemente rápido cuando siento su peso encima. Sus rodillas me aplastan los brazos, una mano rodea mi cuello y con la otra toma parte de mi cabello. Se inclina sobre mí hasta quedar cara a cara.
—No me interesa —ejerce presión en mi cuello hasta que creo que voy a perder la consciencia, solo para soltarme segundos después—. Eso fue por secuestrarme —dice mientras se incorpora.
Yo, por el contrario, apenas me estoy enderezando cuando siento un puñetazo en el lado izquierdo de la cara.
—Y eso, por atarme a esa silla.
ESTÁS LEYENDO
B: Marca Roja
Fiksi PenggemarEl Universo, el destino, el karma o el mismo Dios me dieron una segunda oportunidad. ¿Qué debería hacer con ella? Esta historia es sin fines de lucro, todos los personajes pertenecen a Eva Muños.
