6 AÑOS DESPUÉS
La mañana en casa de los Angeles de los Guix-Hódar no empezaba, se desataba. Como un huracán con laca y galletas trituradas. Como una comedia francesa escrita por una madre con insomnio y banda sonora de juguetes musicales desafinados.
Afuera, los árboles se movían con una brisa elegante. El sol filtraba luz dorada sobre la calle tranquila de ese vecindario californiano. Dentro de la casa, sin embargo, la guerra había comenzado.
—¡MANUEL! —gritó Violeta desde la planta baja— ¡Si te vuelves a poner colonia de tu madre sin permiso, te quedas sin Tablet hasta que apruebes la universidad!
—¡Pero es que huele a poder! —contestó Manu, de 7 años, con el frasco en la mano y el pelo perfectamente engominado, haciendo poses frente al espejo como si fuera el próximo CEO de una multinacional infantil.
—¡Y a Dior, idiota! ¡Es mi favorita! —le gritó Valeria desde el baño— ¡Y no quiero oler a niño perfumado cuando me sienten en primera fila de los Oscar!
Sí. Los Oscar. Aquella gala gloriosa, donde Valeria estaba nominada por partida doble: mejor actriz principal y mejor actriz de reparto. Una locura. Una bendición. Y una pesadilla logística para una familia numerosa.
—¡NOS VAMOS A ATRASAR! —chilló Valeria mientras corría por el pasillo con dos pares de tacones en cada mano como si fueran armas—. ¡O llegamos antes de que empiecen los desfiles o me tiro a la piscina vestida de gala!
Mientras tanto, en el piso superior, Manu seguía con su número de tragedia griega.
—¡NO ESTÁ! —chilló tan alto que el vecino de enfrente, que acababa de sacar a pasear al perro, se detuvo a mirar la casa con expresión de "otra vez no..."— ¡NO ESTÁ MI ZAPATO DE LA SUERTE!
El niño bajó las escaleras dando zancadas como si pisara una alfombra imaginaria. Llevaba un solo zapato azul oscuro, decorado con pequeñas estrellas plateadas. El otro, su gemelo místico, su símbolo de éxito, había desaparecido.
—No puede ser —dijo Valeria, deteniéndose con la mirada fija en su hijo—. No otra vez el drama del zapato...
—¡Ese zapato me dio suerte cuando ganaste el Goya! ¡Y Cuando mami ganó el Grammy! ¡Y cuando gané el concurso de deletreo del cole, y cuando no me pillaron haciendo trampa en matemáticas!
—¡¿QUÉ?! —dijeron Violeta y Valeria a la vez.
—Nada. Lo soñé. Pero igual, ese zapato tiene poderes —declaró Manu con solemnidad, mientras se abrazaba a su propio pie como si fuera una reliquia sagrada.
Violeta se apretó el puente de la nariz con los dedos, respiró hondo e intentó encontrar paz interior. Pero la paz interior decidió tomarse vacaciones sin avisar.
—Manuel, cariño, tienes otros zapatos iguales. Tres pares, de hecho. ¡Ese modelo lo compramos en oferta en tres colores!
—¡PERO ESE ES EL DE LA SUERTE! ¡MIRA SI NO LO ENTIENDES! —y ahí apareció la teatralidad genética: la manita lanzada al cielo, los ojos entrecerrados, el leve temblor en el labio inferior. Una actuación calcada de las crisis dramáticas de Valeria en los rodajes.
—¿Soy yo? —preguntó Valeria, alzando una ceja mientras lo miraba.
—Eres tú —dijo Violeta con un tono resignado—. Pero más bajito y con menos rímel.
—¡A ver si me dejáis vivir mis emociones! —gritó Manu, alejándose corriendo escaleras arriba— ¡Y no toquéis mis cosas! ¡Ese zapato tiene alma!
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Tiempo al tiempo
FanfictionDonde violeta se encuentra a una misteriosa chica con su guitarra en el primer casting de OT O donde Valeria solo le llevaba un café a su padre y acabó enamorándose a primera vista de un pelirroja algo más mayor y provocará que cada vez necesite est...
