cap. 84

584 33 27
                                        


El sol de la mañana se colaba por la ventana de la habitación del hospital, anunciando un nuevo día. Uno glorioso. Uno mágico. Uno lleno de pañales con meconio y ojeras como cunetas.

Yo estaba en la sillita de acompañante, con la espalda rota y un café de máquina en la mano. Miraba a nuestro hijo, que dormía en su cunita como si no hubiera gritado toda la noche como un gato en crisis existencial.

Violeta, con el cabello recogido como podía y una bata que claramente había conocido mejores días, lo observaba con ojos soñolientos y cara de "esto fue bonito, pero me quiero morir un poquito"

Hasta que mi hijo hizo un ruido parecido a un pterodáctilo con faringitis.

Abrí los ojos de golpe.

—¿Qué demonios...?

Me acerque a su cuna, mirandolo con amor

Hasta que me fije bien

Fruncí el ceño. Me incliné un poco más.

—¿Qué carajo...?

Mi hijo... era feo.

No en un sentido trágico, pero sí en el sentido de "esto ha estado sumergido en agua demasiado tiempo y ahora parece un hámster viejo". TCon una expresión de "me cago en todo" que me recordaba a mi abuelo cuando se quejaba del gobierno.

Tenía la cabeza un poco aplastada, la piel arrugada como un abuelo de 95 años y una expresión de desagrado universal.

Me giré lentamente hacia mi esposa. Ella me miraba con una sonrisa

—Míralo.

Violeta, todavía medio dormida, se incorporó y miró al bebé con ternura.

—Awww, hola, mi amorcito...

Yo no podía dejar de verlo fijamente.

—Vivi...

—¿Mmm?

—Es feo de cojones.

Hubo un silencio.

Violeta giró la cabeza hacia mí tan lentamente que casi escuché el sonido de su cuello crujir.

—¿Cómo dijiste?

—Que es feo. No un poco. Mucho.

Mi esposa parpadeó. Luego levantó la mano y me pegó en el brazo con toda su fuerza, que no era mucho debido a las circunstancias.

—¡¿CÓMO QUE FEO, PEDAZO DE INGRATA?!

—¡ES QUE MÍRALO, PARECE UN SEÑOR QUE SE HA VISTO TODAS LAS GUERRAS!

—¡ES NUESTRO HIJO, MALDITA!

—¡LO SÉ, Y LO AMO, PERO ESO NO LE QUITA LO ARRUGADO!

El bebé hizo un ruidito de protesta, como si entendiera que lo estaban criticando.

Violeta lo levantó con una mirada ofendida.

—No les hagas caso, mi amor. Eres hermoso.

Yo suspiré.

—Seguro que cuando se deshinche será guapo.

—¡Dale unas horas, acaba de nacer, joder!

—Bueno, pero admitamos que ahora mismo tiene una vibra de "señor que critica obras en construcción".

Violeta me miró como si fuera a lanzar a nuestro hijo a la cabeza

Yo decidí que sería mejor huir para darle nombre a mi criatura

Tiempo al tiempoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora