Capítulo 3.

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Las horas pasaban, y, aunque estar con Nat no era aburrido, Mía quería irse. Cada vez que Nat necesitaba ir al baño, o tenía que ir a hablar con doctores, aprovechaba a mirar hacia afuera con la esperanza de que hasta Matt, con quién nunca había tenido una buena relación, la fuese a buscar. Sus deseos fueron en vano, pues, en todas las veces que Nat había tenido que irse, nadie volvió por ella.

Empezaba a en serio creer que estaría ahí dentro 3 años. Al principio creyó que era una broma, que Matt o sus padres le habían pagado al médico para que le hiciera creer eso.

Pero su estúpida creencia iba decayendo a cada paso de la aguja del reloj. Nat no había vuelto pero un doctor le había avisado que no volvería hasta mañana ya que cuando acabasen sus pruebas de control semanal iría a dormir, junto a los demas menores de 15 años. Mía agradeció ya tener 15 y poder quedarse con los mayores, tal vez encuentre alguna diversión.

Al terminar de leer su libro favorito y haber vuelto a llorar con el final, notó que alguien estaba a su lado. Michael Barakat la miraba con una sonrisa... Sincera. Hacía tiempo no veía una sonrisa sincera junto a ella, le restó importancia cuando este comenzó a hablar.

-¿Por qué no hablar con los demás...? Sabes, todos aquí tienen problemas, con ellos mismos, sus familias... Son como tú.

-No vuelva a decir eso.-musitó Mía con un claro tono de furia en su algo tímida voz.

-¿Por qué no...? Mira, te propongo que vayamos a ver a los distintos sectores y veas que todos, a pesar de ser distintos a ti, son iguales... ¿Sabes por qué?-preguntó y en medio segundo volvió a responder sin darle tiempo a nada-Porque ellos sí pueden entenderte... Ellos entienden las cosas que puedan pasar por esta cabecita...-sonrió tocando la cabeza de Mía y levantándose del puff de al lado de esta-Entienden aún más que los profesionales... ¿Vienes?-extendió su mano amigablemente.

A pesar de que las palabras de ese señor con cincuenta y tantos años, pelo canoso y un divertido bigote seguían rondando su cabeza, Mía aceptó la mano de este, se acomodó la remera de Harvard, los pantalones de conejos y siguió junto a Barakat el camino hacia la primera parada; niños con problemas mentales graves. Esquizofrenia.

Estaban todos dormidos, todas camillas con pequeños seres humanos dormidos. Altos, bajitos, demasiado delgados algunos, otros se veían un poco pasados del peso que deberían, había variedades... Pero todos sufrían los mismo, alucinaciones, estaban bien muchas veces, y otras... Otras solo querían matar a quién se les cruzace, en esos momentos, Barakat le había dicho a Mía:

-Sabes... Ellos también sufren. Ahora están todos dormidos, algunos por su voluntad y otros tuvieron que ser dormidos, nada doloroso ni que les haga daño, una medicina para que caigan en un sueño profundo... Sus padres la autorizaron y me agrada ver que no han tenido pesadillas nunca hasta ahora.

-¿A mí también me medicarán..?-preguntó Mía con algo de miedo.

-No, a menos que lo necesites... Digo, estás deprimida, y según lo que me ha contado tu hermano, le dijiste que tienes algunos ataques de paranoia... ¿No es cierto?

-Sí.-cortó Mía, y después de un silencio algo incómodo prosiguió con un tono de voz más alto y un poco de desesperación-No necesito estar acá, estoy bien, no estoy deprimida, no sufro ataques paranóicos, no necesito absolutamente nada... Estoy bien, estoy perfecta...

-Si lo estuvieras no hubieras intentado suicidarte...-suspiró Barakat dándose la vuelta hacia el salón de mayores, los adolescentes anoréxicos, bulímicos y suicidas.

Mía lo siguió, atónita aún por lo que había dicho ella y lo que él le había respondido. Al entrar a la sala, vio a un gran grupo de adolescentes, en pequeños grupos. Había chicas, delgadas, tan delgadas y hasta aún más de lo que Mía siempre había querido ser. Había chicos en iguales condiciones. Otras estaban sentadas en posición fetal, y hablaban. Todos estaban en un grupo, lo que Mía envidiaba, demasiado. Pero... Había una persona que no estaba en ningún grupo, era un chico. Delgado como un palo de escoba, alto, pelo negro como la noche, ojos claros, tenía aros, se veía solo su oreja derecha, en la cual tenía muchos aros a decir verdad, más de los que Mía acostumbraba a ver.

Él, al notar la mirada de ella sobre él, se la devolvió, no como cualquier chica esperaría, sino, de una manera hostil, cómo preguntando: "¿Qué me miras?".

Ella se sonrojó, bajó la mirada un momento, volvió a subirla, ya recompuesta y miró a Barakat quién con una sonrisa se dispusó a explicarle a Mía las cosas sobre ese sector, y ella, lo escuchaba, ansiosa por recibir un dato sobre el chico, quería venganza, la conseguiría, pero primero, la información.

-Aquí hay adolescentes de 3 tipos distintos... Están los bulímicos/bulímicas, anoréxicos/cas, y, como tu, suicidas depresivos. Peretenecerás aquí... Me gustaría, no como médico, sino como persona y, espero, futuro amigo tuyo, que te empieces a hablar con la gente de aquí... Ellos te entenderán, hasta tal vez mejor que tú a ti misma.

Esas últimas palabras la dejaron pensando, ¿podría el cobarde de ojos claros y pelo excesivamente oscuro entenderla...? ¿Por qué le preocupaba uno de todos esos idiotas que estaban ahí dentro con ella? ¿Qué era lo que sentía respecto a él...? Tratando de alejar pensamientos imbéciles como atracción, asintió con la cabeza y sonrió a Barakat, el cual la miraba con una alegría sincera, así como su hermano Matt cuando ambos comían chocolate y ella le dejaba las porciones más grandes. Con esos recuerdos alegres de su infancia, pidió a Michael Barakat que la acompañase de vuelta a su habitación, deseaba dormir, mañana se las arreglaría con el antipático aquel, pensó y sonrió con la idea, sin dejar atrás el recuerdo.

En la otra punta de la habitación, Aarón Aliano, de 17 años, observaba como, según sus sentimientos, un ángel se iba junto a Barakat después de, por lo menos un momento, haberla mirado a los ojos. Y, sin poder olvidar el sentimiento de calor y... ¿cariño? de los ojos de esa chica, decidió volver a su habitación e intentar dormir; cosa que ya de por sí era considerada imposible respecto a que no tenía siquiera sueño. 

Escape From Pain.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora