Mía veía cómo Nat hablaba con el chico de ojos claros, y sentía envidia... No mala envidia, sino una envidia sana. Pensaba que ser niño te hacía las cosas un poco más fáciles, es decir, cuando uno es pequeño puede hablar con cualquiera y no sentir tanta vergüenza. Ser chico era algo más fácil que ser mayor. Sintió algo a su lado, era Barakat, de nuevo. Había ido a levantarla en la mañana con la excusa de que Nat la estaba buscando; no era así, esta se encontraba dormida aún a pesar de que se haya dormido antes que ella.
A fin de cuentas, con esa excusa la había llevado a examinar, resultaba que estaba anémica, tenía deficiencia de hierro, no tanta pero estaba mal. Después de análisis, un desayuno que fue obligada a comer y una ducha que gracias al cielo pudo darse sola, volvió al piso en el que ya estaban todos levantados, niños y adolescentes. Había algunos que se encontraban con sus familias y otros que sólo estaban con sus hermanos ya que ambos estaban ahí.
Había hablado con Nat sobre el chico de ojos claros y esta le dijo que hablase con él, trató mucho de que no la obligue hasta que esta miró con resignación a Mía y dijo que ella iría a hablar con él. Pareció una buena idea, y lo era en realidad... A ver si él se integraba en su grupo y ella podría conseguir su venganza. Por un momento creyó que no era buena la venganza, que tal vez serían buenos amigos pero no sabía que pasaría así que siguió planeando su venganza hasta que Barakat se sentó a su lado y empezó a preguntarle por qué no hablaba con gente de su edad y no sólo con Natalie.
-No quiero meterme en sus grupos... Ellos ya están demasiado formados y muy unidos cómo para recibir a alguien.
-¿En serio crees eso..?-preguntó el doctor anotando algo en su libreta de mano.
-Sí, es decir, ¿no los ves? Ellos ya se sienten como familia, se sienten bien entre ellos y la entrada colada de un desconocido desarmaría esa familia... Así como yo desarmé a mi familia al nacer...
-Ya veo...-Barakat acabó de escribir, guardó su libreta, se levantó y sonriendo dijo-Te organizaré una charla con el psicólogo... Empiezas mañana, ¿sí?
-Está bien...-suspiró Mía levantándose para ir en busca de Natalie.
-Una cosa más... Si hablas con Aliano, ten cuidado, no es cómo los demás... Tal vez, eso te guste.
Y se fue, dejando a Mía atónita. Había descubierto que se llamaba Aliano, si es que a él se refería, y en ese momento iba a cruzar alguna palabra con él. Maldijo que no le haya dicho a Natalie de volver con ella apenas supiese algo de él, su nombre por ejemplo. Con el atril a su lado y pasos cansinos se dirigió al lado de Nat, donde se sentó y esta le dio la bienvenida.
-¡Mía!-sonrió Nat-Ya te iba a llamar, Aarón tiene curiosidad sobre ti...
Antes de que Mía pudiera responder, un doctor vino en busca de Nat para las sesiones de rehabilitación con prótesis que sus padres habían pagado y recién habían llegado.
Mía y Aarón quedaron solos. Ninguno hablaba, estaban uno enfrente del otro, se distraían en sus pensamientos, en puntos fijos a los que no había nadie. En pocas palabras, ignoraban la existencia del otro hasta que Mía con mucho valor y mucha timidez se animó a hablar.
-¿Te llamas Aarón...?
-Sí... Y tu, Mía, ¿cierto?
-Sí... Mucho gustó, Aarón-extendió su mano izquierda con timidez sin esperar que él la tomase. Pero lo hizo, estrechó su mano y con un leve apretón a la pequeña mano de ella, le lanzó una mirada más cálida, más tierna, más sensible junto con unas palabras que marcarían un inicio.
-Encantado, Mía.
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Escape From Pain.
Teen FictionAmbos acabaron en un hospital, diferentes trastornos pero un objetivo en las familias de ambos, al menos, eso era lo que creían. Ella había intentado quitarse la vida y él cada día bajaba más su peso, sus vidas estaba completamente llenas de oscurid...
