Jade:
Noto pasos detrás de mí y acelero el paso. Mcflay me sigue. Veo mi habitación, entro y le cierro la puerta en sus narices. Me quito los tacones, cojo un pantalón largo y una camiseta y la puerta se abre.
- ¿ Qué quieres ?
- Vamos a vivir juntos... tenemos que mentalizarnos ¿ no ? - me sonrió pícaro.
- Para tu información, no voy a vivir contigo. No te soporto, no quiero verte ni en pintura. Mis padres son unos abogados de gran poder y los tuyos sólo quieren aprovecharse de ellos - grité furiosa.
- Ehh tranquilízate. Mis padres no quieren aprovecharse. Ellos son buenos abogados.
- Sí claro. Por eso quieren abrir una sucursal - me miró atónito.
- ¿ Qué hay de malo en una sucursal ?
- Pues que es la ruina para cualquier abogado. Es lo primero que te enseñan en la universidad.
- Vale... Mis padres son unos aprovechados... ¿ y que hay de los tuyos ?
- Los míos van a perder un caso por la puta sucursal. Nunca, repito, nunca han perdido un caso.
- Tu relación con ellos es más profesional que amorosa, ¿ verdad ? - me preguntó sentándose en la cama.
- ¿ Qué relación ? - le dije para que pillara la indirecta y me metí en el baño. Puse el pestillo. Me vestí con los pantalones y la camiseta y me puse unas converse negras. Salí.
- Me gustabas más con vestido - murmuró Mcflay. Pero hice que no le escuché.
Metí en mi mochila el cepillo de dientes, un pijama y ropa para el día siguiente.
- ¿ A dónde vas ? - preguntó intrigado Mclfay.
- A casa de Astrid. Paso de estar aquí. Con ellos.
- Les echarás de menos al final...
- Yo nunca les echo de menos. Desde que entré en el instituto,sólo les veía una semana al mes y con suerte. Después, en tercero, les veía una vez cada dos meses. Y ahora, se pasan meses fuera. Pagan la casa pero yo no sé nada de ellos. Sólo sé el día que volverán, para saludarme y que vayamos a un restaurante de cinco tenedores a cenar. Y a la mañana siguiente, una nota con el día en el que volverán y su rumbo. Y ya está. Eso es el tiempo que les veo.
Me miró con cara de extraterrestre. Pero seguí metiendo cosas en la mochila. Y seguía y seguía. Cuando terminé, cogí un refresco de la mini nevera que tenía en la habitación.
- ¿ Una mini nevera ? - me preguntó extrañado.
- Sí. Yo me compro mi comida. Y lo meto todo aquí. Cuando quedan dos días para que mis padres vuelvan, lleno la nevera. Y así piensan que está llena.
- Te tomas muchas molestias...
- Bueno adiós - dije abriendo la ventana y medio saliendo, pero me cogió de la muñeca. Me giré para decirle cuatro cosas.
-¿Qué coño ha...- no me dejó acabar, ya que me besó. Y tan rápido como lo hizo deslizó sus manos hasta mi cintura. ¿ Qué coño hacía ? Pensé en seguirle el juego y después dejarle atónito con una hostia y eso hice. Aunque después iba a arrepentirme. Le cogí la cara con las manos. Y le continué el beso. Nos alejamos y hice como que me quedaba pensando un rato. Y allí estaba mi momento. Sin que se lo esperara, le di una bofetada.
Me eché para atrás para estar más cerca de la ventana.
- ¡ Estas loco ! ¡ Eres un enfermo mental ! - le chillé. Ahora mismo me arrepentía de haberle seguido el juego. Debería de haberle apartado.
- Ehh tranquila - ¿ me estaba trantando como a una niña ?- Sólo era para que te quedarás, no quiero que te vayas. Antes de subir aquí, nos querían llevar a la nueva casa para instalarnos. Y que vean que te has ido... No me parece bien.
- ¿ Sabes que ? , me da igual, que les den. Que les den a todos y a la puta sucursal por la cual tengo que vivir con el tío que me besa por pasar el rato.
- Jade por favor... - me pidió desesperado.
- Mcflay, eres un imbécil, un gilipollas.
- Quédate por favor - No dejó el tono desesperado que tenía.
Bufo y le digo:
- Que sepas que voy a poner unas putas condiciones y decorar el apartamento a mi gusto.
El chico asintió feliz. Yo cogí el móvil y llamé a Astrid.
- ¿ A quién llamas ahora ?
- A Astrid, teníamos planeado esto desde que mis padres me dijeron lo de la cena.
- ¿ En serio ?
- Sí.
Astrid lo cogió al segundo pitido.
- ¿ Dónde estás ? - susurró.
- Al final no voy.
- ¿ Qué ?
- La cena se alarga y voy a tener que vivir con Mcflay. Hablamos mañana - y dicho esto, colgué. No quería dar explicaciones en este odioso momento.
- ¿ La has colgado por qué sí ?
- Sí. ¿ Ahora vas a debatir como debería colgar el teléfono ?
- No, no - dijo levantándose de la cama.- Vamos. Vayamos a ver el super apartamento.
Bajé vestida con la camiseta y el pantalón. Me puse los primeros que pillé y resultaron ser unos de deporte. Y encima llevaba una camiseta ajustada con las que sueles ir a los restaurantes caros... Un conjunto brillante.
Bajamos las escaleras y cuando mis padres me vieron se quedaron horrorizados.
- Jade Green, ¿ dónde está tu vestido ? - me dijo mi madre cabreada.
- En el suelo de mi baño - sonreí. - Si voy a ir a la cárcel de mis próximos ocho meses, quiero ir cómoda.
Mi padre y mi madre me hicieron entrar en el coche de mi padre. El Maybach Exelero. Mi padre adoraba ese coche. Pasaba más tiempo dentro de él que dentro de su casa.
- Jovencita, deberías haberte dejado el vestido puesto - dijo mi padre.
- Papá, saltar una ventana con un vestido, es complicado.
- ¿ Ibas a saltar una ventana ? - preguntó horrorizada mi madre.
- Sí. Me iba a ir a casa de Astrid.
- Pues ahora vas a ir a tu apartamento. Y te vas a quedar allí.
- ¿ Cuántas habitaciones tiene ?
- Tres - contestó mi madre.
- Bien.
Le pedí a mi padre poner un pendrive en el estéreo del coche con mi música, y para mi sorpresa aceptó. La primera cancion que sonó fue la de Fire meet gasoline de Sia.
Llegamos al apartamento en media hora. Y en esa media hora no paré de cantar a pleno pulmón. Mis padres se quejaron muchas veces, pero al final, no quitaron la música. Les gustaba que disfrutara.
Llegamos a un gran edificio con ventanas de cristal. Muy alto, bonito. Esperamos en la entrada a que los Mcflay llegaran. Una vez bajaron del coche, Mcflay se puso a mi lado y yo me aparté enseguida. Nos metimos en el ascensor y subimos al séptimo piso. Cuando el ascensor se abrió, en frente, había una puerta de color negro y a los lados, había dos idénticas. Fuimos directamente hacia la puerta que había en frente.
Cuando mi madre abrió la puerta, lo primero que pude ver, fue el enorme cristal que había justo detrás de lo que parecía ser la sala de estar. Se podía ver el instituto con precisión. El apartamento estaba más cerca que mi casa. Fui al pasillo que había a la izquierda, mirando de frente. Había cinco puertas. Una daba a un baño. Tres habitaciones. Y la última, a un despacho bastante grande.
Dos habitaciones estaban pintadas de blanco y la tercera, de negro. Me elgí esa. Los armarios y la cama eran blancos con detalles . Las otras dos habitaciones, no tenían los detalles que tenía esta. Y dentro de cada habitación había un baño.
La sala de estar tenía una gran alfombra de terciopelo negro y el sofá y la mesita eran blancos. La cocina era... preciosa. Era roja, con placa, nevera plateada de dos puertas, y una gran barra. El horno y los demás electrodomésticos eran de alta calidad. Pero en mi casa, eran de mejor calidad, eso lo tenía claro.
- Es bonito - dije indiferente. No quería que supieran que me gustaba. Pero en la habitación no había nadie. Todos iban detrás de Mcflay. Cuando llegaron nos dieron unas tarjetas de crédito. Nos dijeron que para blah blah. No presté atención.
- Por cierto vuestras cosas ya están aquí. Bueno las de Jade no pero las de Trent si así que ya puedes desempacar...- dijo mi padre.
Trent se fue a su habitación pero en cambio yo me quejé.
- ¿Nos tenemos que quedar aquí ya ?
- Sí - confirmó mi madre.
- Pero si no tengo nada - grité.
- No grites. Te cogí la mochila que bajaste y tiraste al sofá.
- Aagg - grité. - No quiero quedarme aquí ésta noche.
- Me da igual lo que quieras - me dijo mi padre - Aquí te vas a quedar y mañana por la mañana vas a casa, coges tu coche y traes tus cosas.
- Bueno, vale. Pues que os divirtáis en Nueva York - dije indignada.
Cogí mi mochila y me fui a mi habitación. Me lavé los dientes, me puse mi pijama calentito, puse mi alarma a las seis y media de la mañana y me dormí.
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El Destino Nos Odia Pero Nos Ama
Ficção AdolescenteAlejados a los 5 años... vueltos a juntar a los 17... Trenton Mcflay y Jade Green eran mejores amigos cuando tenían 5 años y fueron separados, alejados el uno del otro por el océano atlántico. La familia de Trenton, en Europa y la de Jade, en Améric...
