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La decisión de cantar en inglés fue abandonada después de los desastrosos intentos de pronunciación. Como estrategia para mantener a Eva e Isabella enfocadas en algo positivo, Salcedo apareció con una sorpresa que contradecía completamente su actitud del día anterior.
—Tengo algo que puede funcionar —anunció, sacando una hoja manuscrita—. Escribí una canción que se llama "Eres todo para mí".
Isabella y Eva leyeron la letra en silencio. Sus expresiones se suavizaron gradualmente, como si las palabras hubieran tocado algo profundo en ellas.
—Está hermosa, Martín —dijo Eva con genuina admiración—. Tiene sentimiento, poesía... alma.
—¿De verdad les parece? —preguntó Salcedo, con una vulnerabilidad inusual brillando en sus ojos.
—Es grandiosa —confirmó Isabella con seriedad—. Esto es exactamente lo que necesitamos cantar.
—Está bien, para que vean lo que hago por ustedes —respondió Salcedo, inflando el pecho con orgullo fingido, aunque era evidente que la aprobación lo emocionaba profundamente.
La transformación era notable: el mismo muchacho que parecía vivir de pelea en pelea había creado algo lleno de sensibilidad.
Mientras tanto, la profesora Estela había llegado al aula, y su cambio de apariencia seguía siendo tema de conversación entre los estudiantes. Su vestimenta, antes colorida y expresiva, ahora era notablemente más conservadora.
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