Temporada 2 episodio 45

46 5 0
                                        

*Ecos que no sabíamos escuchar*

Narrado por Emma Aitana Vulturi

Podía sentirlas antes de que hablaran.

Una caminaba con paso ligero, como bailando sobre las hojas.
La otra lo hacía como quien no quiere interrumpir un mundo que ya está roto.

Alice.
Esme.

Las observé acercarse desde mi rama, cruzadas de brazos.
Paul me había acompañado hasta aquí, pero sabía que esta vez tenía que estar sola.

—Hola —dijo Esme con suavidad, como si mi silencio pudiera romperse.

—Hola —respondí, sin moverme.

Alice me observaba en silencio, con los ojos muy abiertos. Como si yo fuera una visión que se había hecho carne.

—No vamos a hacerte daño —añadió—. Ni siquiera vinimos a buscarte. Fue el bosque quien te mostró.

—El bosque sabe a quién proteger —respondí.

Un silencio.

—¿Sabés quiénes somos? —preguntó Esme con cautela.

—Sí.
—¿Y? —insistió Alice.

—No son lo que esperaba.
Pero tampoco lo que mamá me dijo.

Vi sus reacciones. Alice se tensó. Esme tragó saliva.

—¿Qué te dijo TN? —preguntó Alice.

La miré con la misma expresión que ella usaba cuando preveía algo inevitable.

—Que alguna vez creyó en ustedes.
Y que por eso le dolió tanto cuando la dejaron sola.

Ninguna respondió. Me bajé de la rama.

—¿Vinieron por curiosidad… o por culpa?

Alice dio un paso adelante. Los ojos llenos de visiones que ya no podía controlar.

—Por ambas.
Y por… esperanza.

Por alguna razón, esa palabra me desarmó un poco.

—¿Y vos? —preguntó Esme, bajándose a mi nivel—. ¿Vos nos das una oportunidad?

La miré largo rato.

—No… todavía.
Pero no me fui.

Y en el lenguaje de los Vulturi, quedarse… ya es un gesto de guerra o de paz.


Narrado por Esme Cullen

Estaba temblando.

No por miedo.
Por vergüenza.

La pequeña frente a mí tenía los ojos de TN… pero también su fuego.
Y una dignidad silenciosa que ningún niño debería cargar.

Emma.
Mi… nieta.

Ella no lo sabía, pero cuando Jasper y TN estuvieron juntos, yo los imaginé formando una familia.
Nunca supe que era real.
Hasta que vi a Emma y sentí en mi pecho lo que debí haber sentido el día en que nació.

—No puedo cambiar lo que hicimos —dije, casi sin voz.

Emma no me miró con odio.
Solo con verdad.

—Lo sé. Pero pueden decidir qué hacen con lo que venga.

Alice a mi lado empezó a llorar. Por fin.
Primero una lágrima. Luego otra.
Después se arrodilló frente a Emma.

—No sabía…
No supe…

Emma se acercó, y por un segundo, posó su mano sobre la cabeza de Alice.
Un gesto de compasión que ninguna visión había previsto.

—Está bien. Pero no lo estropees otra vez.

La vi alejarse, caminar hacia el bosque.
Y supe que esa niña no venía a pedir nada.

Venía a ver si merecíamos algo.

Mis compañeros Donde viven las historias. Descúbrelo ahora