Temporada 2 episodio 46

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* Lo que heredamos del silencio*

Primera parte: TN y Esme / Rosalie

Narrado por TN

Me esperaba rechazo.
Me esperaba lástima.
Nunca esperé culpa.

Pero ahí estaba Esme Cullen, parada frente a mí con los ojos más llenos que el río de La Push en temporada de lluvia.
Y a su lado, Rosalie, tan firme como siempre, pero sin su soberbia. Solo… rota.

—Pensamos que estabas mejor sin nosotros —dijo Esme—. No sabíamos lo que te hicimos realmente. No lo vimos hasta ahora.

—Nunca me buscaron —respondí, con voz baja pero firme—. Ni cuando desaparecí. Ni cuando Jasper sufría. Ni cuando Emma nació.

Rosalie bajó la mirada.

—Yo sí pensé en vos. Aunque fuera con rabia.
Porque sabía que habías cambiado a Jasper… y me dio miedo.
Porque vos tenías algo que yo quería.

—¿Y ahora? —pregunté.

Rosalie se acercó.
Lenta. Con respeto. Como quien pisa sobre cristales.

—Ahora veo que no te lo quitaste. Te lo ganaste.
Y lo perdiste sola.
Como una madre. Como una loba. Como una reina.

No lo pude evitar. Una lágrima. Solo una.
Pero no de tristeza.
De alivio.

—No quiero venganza —les dije—. Solo verdad. Y respeto.
Para mí.
Para Emma.
Y para todo lo que sobreviví sin ustedes.

Esme me abrazó.
Rosalie… me tocó la mano. Breve, pero honesta.

Y por primera vez en mucho tiempo, no me sentí sola.
Solo… herida, pero vista.


Segunda parte: Emma y Jasper

Narrado por Emma Aitana Vulturi

No sabía si quería verlo.

Pero mamá me dijo que debía decidir por mí.
No por ella.
No por la manada.
No por el pasado.

Así que fui.

Jasper estaba en el claro. Solo. Mirando un árbol que claramente no le respondía nada.

Me miró. No dijo nada.

Yo tampoco.

—Sos igual a ella —susurró—. Pero distinta. Más… salvaje. Más completa.

Me acerqué un paso. Solo uno.

—No me conocés —le dije—. No intentes quererme rápido para calmar tu culpa.

Jasper bajó la cabeza.

—No estoy acá para redimirme.
Estoy acá porque… quiero verte. No como una deuda.
Sino como… mi hija.

Esa palabra me apretó el pecho.

—Mamá no me habló mal de vos —dije—. Pero tampoco te defendió. Solo me mostró quién era yo… sin vos.

—Y yo te perdí antes de saber que existías —murmuró—. Pero si me dejás… me gustaría conocerte. Aunque sea un poco.

Hubo un silencio. El viento se llevó nuestras cargas por un momento.

—Una vez por semana —dije, cruzándome de brazos—.
Una caminata. Sin preguntas personales al principio.
Y si me aburrís, no vuelvo.

Jasper sonrió con lágrimas en los ojos.

—Trato hecho.

No lo abracé.
Pero tampoco me fui.

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