Temporada 2 episodio 47

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"La sangre y el aullido"


Primera parte: El trono en sombras

Narrado por Emma Aitana Vulturi

El castillo Vulturi tenía paredes que parecían latir.
Oscuras. Eternas. Reales. Como si la piedra misma guardara secretos.

Aro me esperaba al final del gran salón, de pie, con una sonrisa que no era de realeza… era de abuelo.

—Mi pequeña sombra —dijo al abrir los brazos.

Corrí hacia él, sin pensarlo, como si fuera un reflejo. Me levantó del suelo como cuando era más chica, girando conmigo, riendo.
Jane y Alec miraban desde un rincón. Jane cruzada de brazos con una sonrisa apenas marcada. Alec serio, pero los ojos suaves. Ellos me veían como su familia, no como una amenaza.

Aro me bajó y tomó mis manos. Su tono cambió.

—¿Sabés quién sos, Emma?

—Sí. Soy Emma Aitana Vulturi McCartney.

Aro asintió, orgulloso.

—Sangre de reyes. Espíritu de lobos.
La paz… o la guerra, dependiendo de lo que elijas.

—¿Y qué querés que elija?

Me miró con ternura.

—Lo que te haga feliz.
Nosotros… te protegeremos siempre. No importa contra quién.

Jane se acercó en silencio y me colocó una capa negra corta sobre los hombros. Alec hizo una leve reverencia con una sonrisa contenida.

—¿Una reina necesita corona? —pregunté divertida.

—Una reina no —dijo Jane—. Pero una heredera sí.

Sonreí.
Y por dentro… rugí.
Porque sabía que fuera de esas paredes, mi otro mundo me esperaba.


Segunda parte: La princesa alfa

Narrado por Paul

La playa de La Push estaba iluminada por el fuego de una fogata enorme.
El cielo cubierto de estrellas.
Los lobos… todos reunidos.

Emma llegó descalza, con una túnica blanca y una trenza suelta.
Hermosa. Salvaje. Nuestra.

—¡Emma! —gritó uno de los más jóvenes, corriendo hacia ella.
La abrazó como si fuera su hermana.
Y de hecho, lo era.

Sam la cargó en hombros.
Yo le tiré una manta encima porque sabía que terminaría dormida.
La tía de TN le ofreció guiso caliente. El hermano de TN le entregó un colgante tallado en piedra: el símbolo McCartney.

—¿Lo aceptás, princesa? —preguntó serio.

Emma lo miró.
Y asintió.
—Acepto lo que soy.
Vulturi.
McCartney.
Alfa.
Y niña.

Todos aullamos. No por costumbre.
Sino por amor.

Emma corrió entre nosotros. Rió. Se cayó. Se volvió a levantar.

Esa noche, el fuego no fue lo que nos dio calor.
Fue ella.

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