Un puñal en mi espalda, una estaca en el corazón, un empujón a el fuego ardiente. He apostado por quién me dañó, quizá sin quererlo, quizá siendo ilusa, solo pienso en sus ojos vendados sosteniendo el palo de madera para golpear la piñata de su cumpleaños, a sabiendas que era yo, pero pretendiendo que no me ve, que no ve que a mi me estaba dañando, que no veo que él me ve.
¿Lo merecía, amor? ¿Has disfrutado el sonido crujiente de mi corazón marchito romperse? ¿No creíste que fueras capaz de hacerlo? Porque si, aún podía amarte, aun podías lastimarme. Aún podía volver a romperse mi corazón herido.
No debí, no debí, me repito, no debí dejarte a solas con el, no debí entregarlo en bandeja porque tu no te lo creías, pensabas que te he dado un muñeco de trapo en forma de corazón, algo artificial para engañarte y endulzarte con amor. Por eso has jugado con él ¿Verdad? Porque creíste que era falso. Pero no hubo nada más real que esto, no hubo nada más doloroso que el ardor del camino húmedo de lágrimas recorriendo una y otra vez el mismo sendero.
Ahora dime, ¿Qué era lo falso a final de cuentas? ¿El corazón que tu me entregaste o el que yo te entregué? ¿O es que el tuyo posee la habilidad de regenerarse cada que se aleja? ¿Cada que se encuentra con otro? ¿Fue tan fácil?
No comprenderás, no hay manera de que comprendas lo que causaste, lo que cambiaste. Eres egoísta, eres cruel y despiadado y quisiera odiarte por ello. Pero te lloro, pero te extraño, pero te amo. Y te quiero lejos, pero quiero verte y saberte, tu presencia me emborracha de seducción, y un dolor adictivo disfrazado de un dulce regreso.
No hay manera de que mi corazón enmendado con agujas e hilos, sangrando aún, vuelva a ser dado. Dime ¿Qué me quedaría? Se que está para ser entregado, para hacernos humanos el hecho de poder amar, pero yo me niego. Estoy negada rotundamente a volver a ver a los ojos al diablo y con una sonrisa sincera hacerle saber que tiene todo de mí, necia y tonta.
Ni siquiera a ti, ni a ti te lo puedo volver a dar para que lo enmiendes y lo vuelvas a romper, porque lo harás, es inevitable. Y yo desearé tanto que lo destruyas y luego con tus manos preciosas juntes cada pieza, porque lo haré y se me es inevitable quererte con dolor, con un masoquismo que solo tu me naces.
Me endulzas los oidos, me endulzas el alma gastada y le inventas las ganas de vivir, luego me lanzas a la muerte diciendo que fue mi descuido. Me convences y te creo, me inventas el paraíso y lo veo, me rompes y corro a tus brazos para que me sanes. Deten mi augurio, hombre cruel, pulsa el botón, remátame y lanza la pala, yo misma me enterraré para que así después de muerta, no puedas reclamarme las molestias.
Adiós, te digo como un fantasma en tus sueños. Me extrañaras, amor. Seré tu pesadilla constante, tu sueño perdido, el que no llegará nunca a tus noches de ahora en más. Me rio, me rio de ti, de mi. De este circo en el que me convertiste al amor, al tan dulce cariño que no merecías. Te atormentará mi voz, los ecos de mis susurros cuando recitaba cuanto amaba la falsedad, las mentiras y a tu voz pronunciando vulgaridades en presencia de mi ternura inocente. Rebotaran en los rincones de tu habitación mis más sinceras palabras que alguna vez creí, caerán sobre tu frente cómo gotas de agua helada sin detenerse. Te torturaré sin quererlo, cómo tu me traicionaste. Sin embargo, nunca he sido tan sincera al confesarte lo siguiente, deseo ser tu impedimento, tu silencio lleno de tristeza, tus noches más largas, tus días solitarios. Y nunca enterarme, nunca volver a saber que fue de ti, si la muerte, si la vida. Que si ella o la otra. No te odio, indiferencia llena de despedida. Desearia también, no pensar en todo lo que pienso, pero me da igual a tal punto en que nisiquiera temo dañar mi moral, porque luego de tanto revoloteo en el mundo de los pensamientos temerarios de tu juzga, lucir inmoral, despiadada e inhumana, ya no importa, niño. Y podrás tener la razón por primera vez, podrás admitir mi frialdad y mi crueldad y yo, te la daré.
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escuchan mis paredes
PoesiaSimplemente yo, refinada en líneas, expuesta en letras, sincerada en poesía. Mi mas yo, mi más ser. Lo que mis paredes escuchan, lo que mis dedos expresan.
