Capítulo 26

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—Aquí está bien —Sage avisó cuando se aproximaron hacia la entrada de la Universidad de Columbia.

Franklin, su chofer, bajó la velocidad y se detuvo donde ella indicó.

—¿Desea que la recoja? —preguntó y la observó por el espejo retrovisor.
—No te preocupes, no sé a qué hora terminaré —avisó ella, mirando alrededor por la ventana del auto con ansias, como buscando a alguien y dispuesta a salir.
—Llámeme si me necesita —amablemente ofreció.
—Lo haré, gracias —dijo ella y cerró la puerta.

Sage caminó en dirección hacia la prominente entrada de su universidad, pero se detuvo antes de entrar. Miró el auto que Franklin conducía girar en una de las esquinas y sintió un poco de alivio. Estaba algo paranoica después de que Cameron le mostrase fotos de ella y Harry aquella noche en el barco Serenity. La castaña le había estado dando vueltas al asunto, tratando de descifrar quién la había estado espiando. Tanto así, que se encontró cuestionando a varias personas a su alrededor, incluyendo a las trabajadoras de su hogar y a Franklin.

De pronto, Sage se sintió culpable por dudar de todos ellos, y más aún de él. El hombre estaba en sus sesentas y llevaba más de una década trabajando para su familia, primero para su abuelo y ahora para sus padres. De inmediato se deshizo de aquellos pensamientos y trató de relajarse un poco.

Sage ingresó al campus, pero procuró no adentrarse demasiado, pues esperaba a alguien. Eran alrededor de las cinco de la tarde y se encontraría con Harry. Cuando le escribió esta mañana y pidió verla, ella no pudo decir que no. Ansiaba verlo.

La castaña vestía una minifalda de denim, una playera blanca y un camisón amarillo pastel. Aquella última prenda era importante, pues las marcas en su brazo eran recientes y no quería dejarlo en evidencia. Al cabo de unos minutos, Sage revisó su apariencia una vez más en la cámara frontal de su móvil y removió su cabello hasta acomodarlo de la forma en que quería. No iba a negar que estaba un poco nerviosa; después de todo, aquel hombre provocaba en ella cosas que nadie más había logrado hacerla sentir. Bastaba con una mirada para hacerla sentir todo. Es que Harry tenía los ojos más bonitos que ella había visto. Y su precencia, siempre tan varonil y masculina, hacía que...

—Debo admitir que siempre me gustó este campus —Sage escuchó una voz a sus espaldas y de inmediato se giró. Una sonrisa involuntaria se formó en sus labios y observó a Harry apreciando la arquitectura de la biblioteca Low Memorial a lo lejos— Es tan... de ricos —dijo pensativo y la miró de reojo con una sonrisa naciendo por la comisura de sus labios.
—No te equivocas —dijo ella, dándole la razón. Gran parte de la élite neoyorquina atendía aquella universidad— Intelectuales, más bien —defendió.
—Ciertamente, genio —aseguró él con humor mientras tiraba despacio de un mechón de pelo de Sage. Ella dejó escapar una risa. No era sarcasmo, Sage siempre fue brillante académicamente sin requerir tanto esfuerzo.
—¿Vienes de la casa de Chad? —preguntó ella echándose a andar. Harry la siguió.
—No, de hecho, estaba cerca —le dejó saber él. Ella asintió despacio— Estaba con mis abogados —agregó. Sage se sorprendió.
—¿Cómo te va con eso? —le preguntó con genuino interés.
—Supongo que bien —dijo él con sinceridad. Pese a tener a los mejores abogados de la ciudad, permanecía cierta incertidumbre, pues Rick Gallagher contaba con un gran abogado también... y mucha influencia— El juicio es en una semana —agregó. Sage abrió los ojos y se detuvo.
—¿Una semana? —preguntó ella. Era más pronto de lo que pensó— ¿Cómo te sientes?

Harry esbozó una mueca, dejándole saber que quizás no sabía cómo sentirse al respecto.

—Solo quiero acabar con esto —le dejó saber. Aquella era la respuesta más corta, pues el proceso había sido un martirio mental que lo había desgastado mucho. Sage asintió pensativa. Un pequeño silencio se formó entre ambos.
—Todo saldrá bien —dijo ella al cabo de unos segundos y le dedicó una mirada reconfortante.
—Eso espero —dijo él con simpleza y le sonrió también— Me gusta tu campus, pero ¿qué hacemos aquí? ¿Me llevarás a una de tus clases? —preguntó él girándose para caminar de espaldas cuando notó que se adentraban en la universidad.
—No, tengo que recoger un libro, pero después de eso podemos salir de aquí —le dejó saber Sage.
—Vale —dijo él y se dio vuelta para seguir caminando junto a ella— Por cierto, ¿cómo te fue esta mañana? —preguntó él, recordando que ella tenía práctica de equitación.
—Obtuve mi mejor tiempo en los últimos tres meses —respondió Sage— Mi entrenador quería matarme, pero hoy dijo que puedo aspirar a una medalla, así que creo que me ama otra vez —agregó. Harry rió.
—¿Estás corriendo con Maximus? —preguntó él mientras subían por las escaleras de la prominente biblioteca. Su pregunta la tomó por sorpresa, pues no pensó que recordaría el nombre de su caballo. Después de todo, Sage dejó de entrenar equitación cuando se mudó con Harry años atrás, pues sus padres suspendieron su acceso al club.
—Ese mismo —afirmó ella con una media sonrisa.

Flicker [H.S]Where stories live. Discover now