En la vida, las personas van y vienen,
como los trenes que se detienen solo un instante en cada estación.
Un tren tiene un principio y un final.
Y cuando se cruza con otro, quizá se detenga un momento…
pero al final, debe continuar su camino.
A veces nos empeñamos en hacer paradas en lugares que no nos corresponden,
por personas que no merecen la espera.
Pero también hay trenes que no vuelven a pasar,
o que ni siquiera quisieron detenerse ante nosotros.
Y así seguimos viajando, aprendiendo a mirar por la ventana sin aferrarnos al paisaje.
Porque al final, lo importante no es el destino, sino lo que somos durante el trayecto.
