—Llama al decorador y vuelve a preguntarle si las flores estarán en la recepción a tiempo. -la casa principal de los Uzumaki estaba en pleno apogeo, desde muy temprano los pasos iban y venia de un sitio a otro.
—Si señora.
—Querida, deja todo en manos de los organizadores, no te inquietes, pareces más nerviosa que el mismo novio. -ambos padres giraron el rostro, hacia donde se encontraba Naruto, lucia serio mientras le acomodaban la chaqueta.
—Pobre, parece como si fuera a la horca.
—¡Karin! -Kushina no parecía feliz con su comentario. —No digas estupideces.
—Solo bromeo, no te molestes mamá, es obvio que está nervioso. No todos los días te casas. Voy con mi hermano. Alguien de aquí debe tranquilizarlo. -camino con una gran sonrisa hacia él.
Desde su lugar Kushina observo a Naruto a sentir mientras Karin le susurraba algo, pareció decir algo más allá de dos palabras. Minato también camino hacia sus hijos uniéndose a su charla.
Todos parecían felices, menos...
—Señora Kushina. -se le acercó un empleado perteneciente a la seguridad de la familia.
*
Hinata dio una quinta mirada a su reloj de mano sintiéndose más nerviosa, apretó el volante buscando algo de tranquilidad sin lograrlo. Dio una mirada a la entrada de la casa y no hizo más que tragar duro.
Pronto la puerta se abrió dejando ver a todos los empleados de la casa y algunos más de la empresa en lo que parecía una burda de periodistas, estaban rodeando al rubio casi impidiéndole caminar.
Aprovechando el cristal polarizado Hinata dio una larga mirada intentando ver el atuendo completo de Naruto, lamentablemente le fue imposible por la posición en la que estaba, además de las personas que lo rodeaban.
Solo podía observar la punta de su cabeza, cuando ellos se acercaron al auto ella se sentó derecha como si pudieran verla.
En cuanto la puerta del pasajero se cerro ella dio marcha a la limosina. Se había convencido de que aquello era lo único que podía hacer. Ya había cambiado de carriles en más de una vez, por la luz y el número de autos sabía que eran pasadas de las nueve de la mañana. Siguió conduciendo hasta poder salir de la ciudad.
El auto tenía los seguros puestos por lo que pudo imaginarse a un Naruto preso del pánico, había atrancado la ventanilla del interior que daba a la del conductor, esperaba que el sobre que había dejado en el interior lo dejaran un poco tranquilo, no quiso pensar en que llevaba su celular con él. La policía no le haría fácil las cosas.
Después de casi cuatro horas pudo visualizar la playa en la cual había preparado todo, continuo por al menos treinta minutos más.
Aparco a la orilla apagando el auto, dio una enorme inhalación retirándose la peluca y la gorra. Sentía como sus dedos no parecían responderle mientras sacaba su cosmetiquera, se apresuro a retocarse el maquillaje, libero su cabello para cepillarlo, luego tomo la caja que había del lado del copiloto, con cuidado saco de el un velo para colocárselo.
Se miro en el retrovisor para luego salir del auto, el viento soplo su cabello moviendo algunos de sus mechones a su rostro, sintiendo un temblor en las piernas camino hacia la puerta del pasajero, uso la mano derecha para abrirla mientras con su mano izquierda apretaba un ramo de bellas flores.
No quiso demorar el momento, así que la abrió con rapidez. Ya había imaginado un sinfín de reacciones y se decía preparada para cualquiera de ellas. Pero no, no estaba lista para lo que tenía en frente.
ESTÁS LEYENDO
Mi vehemencia
Ficção AdolescenteHe escuchado a la gente decir "Nunca es tarde para ser feliz" ¿Podría aplicarse para mí? Los personajes de Naruto no me pertenecen, son del gran Masashi Kishimoto. Las imágenes no son mías créditos a sus respectivos creadores.
