3. Locos, dejadme soñar

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Qué complicado sería dormir ahora, que me has dejado las pestañas húmedas, la boca seca y el corazón ardiendo, tanto que ahora me muero de frío. Porque lo que más me duele, son los besos que aún no me has dado, las caricias que están por llegar y la piel que se eriza incluso cuando tú no estás.
Mi más necesaria necesidad.
Y precisamente esta noche, las estrellas brillan con muchísima más intensidad, tanto que estoy asombrada, tratando de recordar cuando he visto tantas estrellas desde mi terraza.
Ojalá pudiese encontrar una nueva galaxia.
Como las que encuentro perdida en tu espalda.
Y ojalá los locos de la calle de enfrente se callasen, y dejasen sonar los temazos que están escuchando, en vez de desafinar las canciones de Queen, Aerosmish y Rem que no dejan de repetirse todo el rato.
Y aunque suene extraño, esta noche prefiero guardar silencio. Porque tengo los ojos muy abiertos y la cabeza muy cerrada. Con mucho ruido.
Ojalá estuvieses aquí conmigo, abrazándome por detrás y acariciándome la pierna hasta llegar al glúteo, para que se me pase el frío y que mi piel erizada sólo sea una excusa para que no dejes de apoyar tu mano en mi muslo.
Porque, sinceramente, ahora mismo no necesito sexo, sino a alguien que me acompañe en este frío silencio. Alguien con quien sea fácil perder la noción del tiempo.
Nadie mejor que tú, amor mío.
Ojalá estés bien abrazado a mí, desde ahí. Tan abrazado que no te quede espacio para tener ganas de soltarme.
Tanto como para que también estés abrazándome por detrás, como ahora.
Tanto, que no me siento sola.
Porque te amo tanto, que llega a la locura que una vez me ató a la cordura.

Y por fin los locos decidieron dejarme en silencio, sin música, sin gritos.
Sólo contigo.

Cartas al primer amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora