14. Droga

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Solo existe una droga
que me pone
y que me quita (las penas),
que me da unas alas
de papel pintado a mano;
que con solo un beso
me hace sentir un extraño
en un mundo de cuerdos
donde yo me he vuelto
adicto y convicto
a la cárcel de tus dedos.
Porque la única droga
que a mí realmente me coloca
y me hace perder la cabeza
hasta volverme completamente loca
eres tú.
Que no hay más ciego
que el que no quiere ver,
pero amor,
no han probado de tu boca,
del elixir de tu sudor,
de tus 'te quiero' hasta con ropa.
Porque no han visto
llorar a su propio mundo,
pero yo sí he visto al mío
derrumbarse casi en mis manos.
Porque ellos nunca se habrán roto
de la forma más estruendosa
como me he roto yo contigo,
cuando observé como mi vida
caía desde el precipicio al vacío
desde las manos donde
en las que yo confíe llevarlas.
El problema de todo esto
son las cadenas.
Las cadenas que te puse,
sin querer,
por ser esa droga de la que yo
necesitaba
beber, y beber, y beber.

Y no me di cuenta
que por ser una yonki,
una ruidosa en cabeza ajena
y un martirio en la mía propia,
perdimos los dos
el control
de toda situación que no sucedía.

Me estoy desintoxicado.

Tal vez algún día volvamos
a ser dos locos enamorados
que no necesitan de ninguna droga,
ni de la nuestra,
para seguir encontrando razones
para quedarnos
y no volver a marcharnos.

Cartas al primer amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora