Somos así de complicados, nos hace falta rompernos para llegar a estar más sanos, nos hace falta reventarnos, desgastarnos, morirnos, para renacer y ser eternos.
Regocigarnos en nuestro gran agujero negro, dejar que aquello que nos hace daño nos consuma hasta los sesos.
Y se acaba, y se acaban, las heridas, los malos sueños, nacen cicatrices que marcarán nuestro cuerpo, y cardenales que nos cubra hasta el alma.
Y fui fuerte, más de lo que solía aparentar.
Y duró menos de lo que jamás llegué a imaginar.
Y llegó un ángel con los brazos abiertos y quiso que probara del cielo y todos sus infiernos.
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Cartas al primer amor
PoesíaA ti, que te escribí antes de saber quién eras. 2015-2016.
