49. Mi nuevo cielo

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Y en mitad de la tormenta encontré un rayito de sol que me hizo buscar mi isla desierta.
En mi naufragio naufragó conmigo, a pesar de la marea, a pesar de las corrientes, a pesar de mis propias inundaciones.
Algo que me salvó la vida en el instante en el que el abismo se encontraba debajo de mis pies, algo que me dijo "para, que la vida es mucho más bonita a tu lado".
Alguien que me vendó las alas, en vez de echarme a volar con ellas rotas.
La paciencia es la mejor compañera y es verdad aquello de que el tiempo todo lo cura, con saliva, con el calor de todas las manos que me sostuvieron en el aire cuando las piedras que tenía atadas a los pies me tiraban hacia el fondo. De tus infiernos.
Encontré el cielo en el parque, un mundo nuevo con los besos de lo que tú me enseñaste, pero con la gente que me salvó de tu desastre.
Me he reído como nunca por culpa de sus risas, del fuego que recorría mis pupilas a punto de estallar, cruzando el portal a otro lugar, donde el tiempo, por suerte, pasa más despacio para poderlo aprovechar, entre más risas, entre más besos de esperanza, con todo un campo lleno de flores que recorrer.
Me dejaron mirar la hermosura de estas, en vez de cortarlas para morir con ellas.
Te agradezco que me dejaras, caminé descalza y preferí ser la India, ahora soy un poco más libre, menos Siria, menos ruina, más amor, más góndolas con una buena canción, menos turismo, más conversación, porque tú solo fuiste un viaje, pero ya he encontrado mi dirección.

Cartas al primer amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora