Intenté matar al bello Cupido,
pero sólo lo pensé y nombré en vano,
en una noche fría de verano
en la que caí a tu infinito olvido.
Cupido lanzó cinco flechas a mi corazón,
quedé desmayado y perdí toda mi razón
por la mujer más bella y perfecta del paraíso
y sus ojos son por los que cada día sonrío.
Cruel y efímero fue esto dado que alcanzé la muerte,
rápida fue mi muerte, quedé tirado e inerte
en el suelo de la belleza impura
donde Cupido y los ángeles se desnudan
ante los dioses y las diosas del Olimpo
donde muere el amoroso Cupido.
