Tras muchos metros corriendo, logré ver un monumento, una construcción erguida sobre un gran montículo rodeada por un extenso bosque de árboles extrañamente rojos. No me lo pensé dos veces, me dirigí a ella de inmediato.
Cuanto más me acercaba a dicho monumento, más me parecía una especie de castillo, no tenía ni torres, tampoco almenas, era más bien una muralla. Estaba muy cerca, se oían ruidos dentro, voces que podía entender. Entonces lo vi "PEDRARIA" decía en un cartel enmarcado en oro, las letras eran grandes y reflejaban la luz del sol con una intensidad que jamás había visto, podrían ser piedras preciosas, recuerdo que tuve ganas de llevarme una letra, la "D" parecía algo suelta, "PERARIA" si nos paramos a pensar un momento "PERARIA" no queda tan mal, el espacio entre la "E" y la "R" le daría cierta clase "PE RARIA"
Estaba estirando el brazo como quien no quiere la cosa cuando un hombre fornido, metro noventa diría yo, me interrumpió la jugada y, mirándome con cierto aire de superioridad, me rodeó las manos a la fuerza con una cinta azul, esta comenzó a estrujarlas, siguió forzando hasta casi cortarme la circulación, y me llevó con él, al interior de la muralla, tirándome de los pelos.
Dentro de la muralla, había casas y personas, tiendas y plazas.
Entramos en una gran casa, en el centro de la ciudad amurallada.
Había un hombre joven que habló con la voz más grave que hube oído jamás
"Traed al espía"
Se refería a mí, al parecer me habían confundido con un espía de un reino vecino por mi ropa azul y ligera.
Parecía preocupado, no dejaba de mover sus piernas, sus ojos se movían en todas las direcciones al unísono, sus dedos se retorcían en el asiento que ocupaba.
Me atreví a preguntar si pasaba algo, el "Lord" de aquellas tierras me comentó que un gigante tenía planeado un ataque a su reino, al parecer sus hombres habían irrumpido en sus dominios y tuvieron la genial idea de matar bebés de gigante (porque al nacer son de mi tamaño más o menos).
No pude contener la risa "crías de gigante" "gigantes" jamás creí que oiría a un hombre decir algo así tan serio.
"Insolente, servirás de carne al gigante ¡guardias! Dádle un arco y una flecha, luchará en primera fila sin espada ni escudero"
"Vale" dije vacilante, me dieron sendos arco y flecha, me llevaron al rellano por el que había pasado de camino al castillo, un simple llano sin vegetación alguna. Los guardias eran el doble de mi tamaño, empuñaban espadas de duro acero, yo solo llevaba un arco y una flecha, ambos dos de una especie de materia verdosa, el arco se tensaba bien, la flecha no era como ninguna que hubiese apreciado antes, era prácticamente elástica y recuperaba su forma original rápidamente si se doblaba.
Un guerrero se acercó a mí, me dijo "serás escudero de Milio" mientras señalaba a un chico, bastante bajo, no encajaba bien entre los demás, portaba una lanza de hierro.
Solo me dirigió una mirada, nada más, como si yo fuese menos que él. No me cayó bien, no pensaba protegerle con o sin "gigantes" de por medio, fui con el general a quejarme cuando...
El suelo retumbó levemente "vuelve a tu puesto, inútil" gritó tras propinarme un empujón.Se repetían los temblores, cada vez más intensos. Una silueta apareció en la distancia, era enorme y se dirigía hacia nosotros, no podía ser, pero lo era, un gigante de verdad. Comenzó a correr hacia nuestra posición a una velocidad de vértigo.
Agarré mi arco con fuerza,el gigante mataba a todos los hombres a su paso, otros arqueros desde la ciudad creaban una lluvia de flechas, muchas no llegaban, otras se quedaban clavadas en el cuerpo del gigante, medía más que un rascacielos. Veía a los demás hombres morir a manos de aquella criatura...
Sentía la necesidad de matar, me dolía el pecho, debía matar algo, debía arrancar una cabeza, cortar un cuello...
Debía matar a aquel que causaba esta ansia, el gigante moriría.
Ya no era yo el que controlaba mi cuerpo, algo me movía por dentro y hacía que corriese hacia el peligro con más velocidad de la que jamás había movido mis piernas.
Más veloz que el viento, llegué al lugar donde habían caído las flechas,eran negras y parecían resistentes y rígidas.
Cogí una, miré hacia el gigante con una sonrisa en la cara y tensé tanto el arco que este quedó casi aplastado, no existía vientre en el arma. La punta de la flecha estaba muy por debajo del apoyo, pero mis manos estaban envueltas en una firmeza sobrehumana, entonces grité tan alto que sentí como se desgarraban mis cuerdas vocales "¡¡¡¡EL GIGANTE DEBE MORIR!!!!" El gigante escuchó mi grito y agachó la cabeza, un gruñido, un brazo erguido a palma extendida, se me venía encima, apunte a su entrecejo con aquella sonrisa que no se iría de mi cara hasta que no viera sangre a mi causa, destensé el arco, la flecha salió disparada a gran velocidad impactando contra la sien del gigante y atravesando esta, dejando al descubierto un hoyo vacío... El gigante cayó al suelo a un lado...
Aún no había terminado con ese sentimiento, aquella necesidad de causar la muerte más rápido que un veneno mortal o que un disparo a bocajarro. Subí a la espalda del gigante y saqué mi cuchillo, comencé a apuñalar el dorso de este hasta que no me quedasen fuerzas. Los hombres supervivientes me miraban atemorizados, dejé de apuñalar a la bestia cuando me dí cuenta de que había cientos de ojos con su vista fija en mí, y que en el ambiento sólo se escuchaba el sonido de un cuchillo penetrando en las carnes de un ser muerto.
El silencio era abismal, fue roto por un hombre de entre la multitud que gritó a pleno pulmón "SALVE A TIRO-CERTERO" Era más bien bajo, portaba una lanza, era Milio "Viva" gritaron los demás, tras esto unos guardias me llevaron entre una multitud donde podía adivinar varios rostros pálidos, me conducían de nuevo ante el rey, estaba contento, dijo que sería un buen hombre en el sus filas, que nunca antes había visto a alguien con tanta sed de sangre. Puso a mi disposición un ala real, me dejó descansar allí el resto del día, era temprano, muchos habitantes vitoreaban mi nombre "es el matagigantes, no, es tirocertero" gritaban, me acosté sobre la cama de mi nueva habitación, era bastante lujosa, a decir verdad, me quedé poco a poco dormido, aún estaba bañado en sangre de gigante, mis manos estaban llenas de ampollas, pero dormí...
Era todo negro y entonces aquella figura, una sombra negra, mi sombra.
"Veo que disfrutas de tu nuevo ser" dijo, poco a poco se fue haciendo todo más nítido, hasta que me vi a mí mismo reflejado, pero no era yo, tenía los ojos imbuidos en negro, su pelo era completamente blanco y su ropa estaba cubierta de sangre. "Eres un asesino, no eres normal, tienes mi bendición en este mundo, úsala bien, matarás, matarás a más personas que nadie... y lo harás con gusto, es tu precio por entrar en Eiroul, aprovecha mi don, desde ahora tienes carta blanca para hacer lo que quieras, diviértete, tiro-certero" desapareció entre risas y llantos, me desperté, ya era de noche, estaba preocupado por mi familia y no sabía muy bien dónde estaba, dormiría, estaba muy cansado, intentaría volver a mi hogar al día siguiente.
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Detrás De Los Bosques
Fantasy(Behind The Woods) Esta es la historia de un joven llamado Marcos el cual queda atrapado en un mundo alternativo al cruzar su umbral en un bosque. Su objetivo principal es escapar de Eiroul, este nuevo mundo, a toda costa.