Estaba emocionado, tal poder al alcance de unas cuantas almas, sabía que con eso, nada ni nadie podría impedir mi regreso. Tenía algunas preguntas acerca de mi nueva arma ¿Valdrían todo tipo de almas? ¿Podría aunar tanto poder que incluso sería capaz de romper una montaña de una estocada?
Tal vez me estaba haciendo ilusiones, porque no me estaba fijando ni en el entorno a donde habíamos salido ¿Esa cárcel no tenía puerta de entrada o salida? todo me pareció propio de un sueño lúcido, gigantes, parar el tiempo, pueblos devastados, enfermedades suicidas, vendedores de esclavos, útiles para amaestrar cuervos, césped morado, un cuchillo que es más poderoso cuanto más mate con él y finalmente construcciones donde hay gente pero sin embargo, no una puerta de entrada o salida.
Estaba verdaderamente absorto en mis pensamientos, y caminaba evitando todos los obstáculos que había alrededor, no era un bosque, una ciudadela o un desierto; era una playa. Y lo que llamo mi atención y fue el estímulo para concentrarme en mis cercanías fue el sonido de las olas al batir contra la costa. Entonces eché mi vista hacia el mar, el mar infinito, parecía que al final de mi visión el mundo acababa sin remedio, un aire misterioso se apoderaba de las de aquellas salvajes olas que guardaban aquel relajante sonido.
Entonces, me senté sobre la arena, completamente plana. Y mirando aquel plano, comencé a meditar sobre todas las cosas que habían sucedido, todas aquellas criaturas que habían muerto a manos de un chico que no sabe ni donde está. Llegué a la fija conclusión de que se trataba de un sueño lúcido, y dejé el tema a parte para entregarme a aquella luz y a aquel sonido.
Me sorprendía que Hacha no hubiese dicho nada desde que la pared cayó abajo, así que lo desenfundé y lo miré atentamente, parecía una espada normal y corriente, no sentía nada especial al tocarla, tampoco dijo nada elocuente cuando la desenfundé... estaba algo asustado ¿y si ya no tenía ése poder?
Me levanté y comencé a caminar a lo largo de la playa, el sol brillaba en lo alto, pero no hacía calor, la brisa marítima disipaba toda temperatura en el ambiente.
No tenía un rumbo fijo... necesitaba un alma; no obstante, en aquella playa no había ninguna clase de ser vivo, tras darme cuenta del detalle, decidí que la mejor solución era alejarse de la costa; así que subí alejándome del las aguas marítimas, entonces me dí cuenta de un terrible detalle, no estaba en una playa, era un desierto, que casualmente, conectaba con el mar. Hasta donde alcanzaba mi vista, se extendían kilómetros y kilómetros de arena, la cual formaba dunas tan grandes que parecían verdaderas montañas.
Mis esperanzas se vinieron abajo ¿cómo iba a salir de esa? comencé a caminar lentamente, el desierto me asustaba, era un espacio tan amplio... no notaba dar pasos al caminar, mi vista veía lo mismo, arena y dunas. Uno podía volverse completamente loco en aquel desierto, al no tener nada ni nadie con quién comunicarse hacían que el tiempo en aquel lugar pasase lento, sinuoso. Horas en días, minutos en horas y viceversa. Estaba tan cansado y tan desesperanzado que sentí mis piernas flaquear, entonces me movía entre mareos. El sudor de mi frente salpicaba la arena y cuanto más me adentraba en el desierto más calor hacía, la ropa me resultaba incluso pesada e incómoda, cuando se suponía que debía sentirse cómoda y ligera. Me dolía la cabeza, sentía cansancio en los brazos incluso, aunque no los estuviese usando, mi corazón palpitaba lentamente. Eso me asustó al principio, no era normal que en esos momentos de esfuerzo el corazón no fuese rápido, recuerdo ver a lo lejos un oasis, un oasis lleno de paz y agua cristalina rodeada de hierba y arbustos. Me acerqué lo más rápido que pude y en la orilla del pequeño charco tendí las manos para recoger agua y beber, lo que me eché a la boca no fue más que arena, poco a poco, ante mis ojos, el oasis fue desapareciendo, transformando agua en dunas y arbustos en rocas. Aquello casi terminó por volverme loco.
Mareado, me tendí boca arriba en la arena el sol quemaba mi cara y desgarraba mi piel. El desierto no se compadece de nada y lo mata todo. Terminé por cerrar mis ojos. Varios segundos más tarde. escuché el revolver de la arena acompañado de un gruñido afónico. abrí los ojos y me levanté lo más rápido posible al ver lo que vi. una araña de pelaje marrón y fauces como puntiagudas dagas se acercaba desde pocos metros en la distancia. Era tan grande que me llegaba por la cintura y sus ocho ojos ennegrecidos me miraban de un modo terrorífico.
Alcé a mi amigo con la poca fuerza que me quedaba, y, comprendiendo que aquella era mi ora final, lancé a Hacha hacia delante tratando de que este se clavase en el arácnido. Pero no fue así. El cuchillo pasó rozando la araña que venía directa hacia mí. Ni siquiera hice nada por evitarla. Pero cuando esta estaba ya saltando a un palmo de mi cara. Al la empujó hacia la izquierda, Hacha estaba allí, clavado en el estómago del animal, el cual pataleaba de dolor. No me acerqué hasta que la araña encogió todas sus patas sobre su torso. Recogí a Hacha, que dijo: "A lo mejor no lo sabías ¡pero soy aerodinámico!"
Aquellas palabras produjeron cierto alivio en mí. Enseguida le pregunté por qué no había hablado durante todo el camino, a lo que respondió: "Porque no tenía almas. Las armas también comemos ¿sabes? por cierto. Busca en el cuerpo de esa araña una especie de saco de color grisáceo. Tienen agua." Así lo hice. era un órgano del tamaño de un globo hinchado, más o menos. Hice un corte con Hacha y bebí todo el contenido sin dejar gota. sentí que mis músculos volvían en sí, como si tuviese potencial para todo. Y así. Hacha y yo nos pusimos en marcha entre las enormes dunas del desierto. Pronto sentí que las piernas volvían a fallarme. Pero no dije nada al respecto.
Tras mucho caminar. terminamos llegando a cierto lugar del desierto donde había enormes hoyos en la arena. Hacha me recomendó que saliese de ese lugar. Pero yo veía en la distancia una mancha hierba bañada por el sol. así que no hice caso. Pero otra criatura del desierto estaba esperando agazapada tras la arena para llevarnos como trofeo...
A mitad del camino la tierra comenzó a temblar. Una montaña de arena comenzó a elevarse varios metros sobre nuestras cabezas, hasta que, eclipsando el sol, apareció una criatura horripilante. Era como una serpiente, completamente blanca, pero también tenía patas, cuatro, y dos enormes alas que le permitían mantenerse en el aire. su cuerpo estaba repleto de pequeñas púas que hacían pequeños círculos, y si cabeza era puntiaguda. Hasta que gritó. Entre el alarido su cráneo se expandió para volverse lo suficientemente grande como para engullir un edificio entero. Comencé a huir de aquella especie de culebra, pero fue inútil. era varias veces más veloz que yo, se elevó en el aire y cayó en vertical sobre mí abriendo su boca. Era tan grande que aún en su interior ella seguía descendiendo y yo estaba quieto, todavía de pié sobre la arena. levanté a Hacha y le dije que usase el alma de la araña, el filo del cuchillo se iluminó y en un estallido de luz, todo el cuerpo de la sierpe empezó a abrirse en pequeñas grietas. Llegó el final de su cuerpo, donde innumerables espinas amenazaban mi muerte; sin embargo, cuando la punta del arma tocó siquiera una de las espinas, todas ellas se apartaron dejando ver de nuevo la claridad del sol. Hacha me había vuelto a salvar la vida. La criatura no volvió a subir a la superficie, continué hasta el la hierba con el corazón en un puño y cuando mi pie derecho tocó la primera brizna de hierba, una sensación de logro despertó dentro de mí. Tenía sed y necesitaba descanso. Pero aquello me había devuelto toda esperanza.
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Detrás De Los Bosques
Fantasy(Behind The Woods) Esta es la historia de un joven llamado Marcos el cual queda atrapado en un mundo alternativo al cruzar su umbral en un bosque. Su objetivo principal es escapar de Eiroul, este nuevo mundo, a toda costa.