La taberna de Rivek

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Con aquella sensación todavía vibrante y llena de vitalidad continué mi camino por los sinuosos bosques. Eran alegres y vivos, todas las tonalidades de verde presentes en el ambiente, y un aire cargado con los olores más vivos que un bosque puede ofrecer. a cada paso por este lugar notaba una sensación conformista, y en aumento. Es difícil de describir, sin duda, pero si tuviese que hacerlo con dos palabras diría que aquel ambiente proporcionaba una "determinación creciente". Caminar por aquel calmo lugar convertía las horas en minutos y el tiempo, simplemente, se escapaba de la percepción. 

Aquellos eran los once bosques que rodeaban la pequeña aldea de Rivek se dice que cada uno impulsa un sentimiento distinto, todos son uno, "El gran bosque de Rivek"; a la vez, cada parte es tan diferente del resto que se considera uno. Tras atravesar el bosque llegué a aquella aldea, realmente no estaba seguro de donde me encontraba en aquel momento, pero tenía tanta hambre que sólo con ver las pocas casas que formaban aquella comunidad se acrecentaba el ansia de llevarme algo a la boca. así que pateé la pequeña villa en busca de un lugar donde poder conseguir algo de comida  a cambio de cualquier cosa que llevase.

"¿Qué se supone que estás buscando?" preguntó Hacha cuando ya llevaba buscando un buen rato un lugar donde comer "No lo sé, busco una tasca, tal vez alguien caritativo que me dé algo de comer o una tienda" respondí "Bah ¿no es mejor seguir a lo nuestro? eso es muy aburrido, además tenemos un largo camino y no podemos pararnos tanto" Hacha parecía bastante impaciente y poco comprensivo con las necesidades humanas. Decidí no hacerle caso alguno; de todas formas, nuestro destino no se iba a mover de donde estaba.

Mientras daba otra vuelta a la villa olí algo que, aunque en circunstancias normales no me pareciese gran cosa, en ése instante me pareció un manjar. El olor provenía de una sórdida taberna a la que se accedía a través de una cochambrosa puerta de madera en la que descansaba un rótulo que rezaba "Diso". Realmente no me lo pensé dos veces y crucé el umbral que separaba a mi estómago de aquel sustento. 

Nada más poner un pie en la tasca, una mujer delgada y esbelta se me acercó y me señaló una mesa vacía. Fui hasta el lugar y me senté fingiendo comodidad, pero lo cierto es que ver a los demás comensales solo me producía un sentimiento que gritaba "Este no es tu sitio".

En la taberna se oía un ligero murmullo, nadie levantaba la voz más que otro, todos conversaban en el mismo tono. Como si alguien hubiese establecido un nivel de volumen en aquel grupo de personas que comían de sus platos con una alargada sonrisa en sus semblantes. Era casi como si fuese la única comida que probaban en meses. 

La camarera se acercó y me tendió una hoja con letras inteligibles. Me limité a apartarla y decirle sin más "No tengo dinero con el que pagarte la comida, pero si me pudieses dar algo de comer estaría agradecido" a lo que ella respondió: "Mira, niño, aquí no damos de comer gratis, esto es un negocio. Si no tienes dinero ya te puedes ir largando" entonces se produjo un silencio incómodo en la taberna, los murmullos pararon y un par de segundos después me sentí observado por la multitud. Décimas de segundo más tarde los murmullos pasaron a ser susurros, y cuando yo estaba levantándome de la mesa para salir del lugar un hombre barbudo se levantó y exclamó: "¡Chaval arrima tu silla para acá que tío Diso te invita!". Bastante agradecido cogí la silla con ambos brazos y caminé a la mesa donde estaba el hombre. cuando me hube sentado el señor aclaró la garganta y llamó a la camarera, esta se acercó veloz: "Dale al chico el mejor de los guisos, que todo va de mi cuenta"dijo, y la camarera asintió y me lanzó una mirada de agradecimiento, prácticamente sus ojos, aún más marrones que su cabello, decían por sí solos "Gracias por venir", seguramente por el precio de "el mejor de los guisos", después dio media y caminó hacia la cocina. 

El hombre se quedó mirándome un largo rato, como si me evaluase; finalmente, preguntó "¿Eres pedrano? llevas una ropa típica de por allí" yo contesté que no. Y lancé otra pregunta: "¿Tú te llamas Diso?" entonces el hombre soltó una sonora risotada y dijo en el más sereno de los murmullos: "No, yo soy su ahijado, pero mi tío lleva este sitio. Te he visto con hambre, muchacho, y creo que puedo invitarte esta vez; por cierto ¿no tienes dinero?" a lo que respondí "No, la verdad" entonces el señor miró a alrededores buscando posibles cotillas, se acercó exageradamente a mí y en un susurro débil como una hoja otoñal dijo: "Conozco a alguien que quizás pueda darte trabajo, está aquí, en esta villa. en la casita de piedra que está aquí pegada. Es un joven raro, hace tiempo que busca un ayudante, no ha salido de esa vivienda desde hace meses" retrocedió hasta volver a sentarse correctamente y dijo con una voz que rompió por completo el todo de voz característico "Bueno, debes de venir de lejos. ¿De dónde vienes?". Intenté buscar algo, cualquier cosa que sirviese como excusa para evitar la pregunta. Pero no encontré nada. Entonces dije " He atravesado un desierto, después fui por el bosque. Encontré este pueblo y vine a por algo de comer" y un silencio sepulcral tomó las riendas de la situación, en apenas un par de segundos teníamos a toda la taberna alrededor de nuestra mesa. El ahijado de Diso se puso en pie sobre su silla y alzando las manos dijo en tono solemne: "Gente, este muchacho es sólo eso, un muchacho. ¿De verdad os creéis lo que dice este cuentista?" y poco a poco todas las personas allí presentes volvieron a sus asientos mientras reanudaban el habitual murmullo. El hombre se volvió hacia mí con una mirada  seria, aunque esa mirada tenía cierto deje de simpatía, como si se sintiese identificado con lo ocurrido.

En ese instante, la camarera se paseó hasta nuestra mesa con una bandeja servida de un gran pollo asado rodeado por paja y guisantes, aunque realmente no era paja, sabía a algún tipo de cereal, era bastante dulce y  suave al tacto de la lengua. Bajó el plato a la mesa despacio y con mucha ceremonia, cuando lo hubo dejado, hizo un ademán con su mano y dijo en el tono más fingido que haya oído jamás: "Pura ambrosía".

No tardé ni un segundo en comenzar a degustar el manjar, mi mente sólo se concentraba en la comida en aquel instante: el sabor fuerte de la carne de pollo, los guisantes que se movían en mi boca alegremente y sobre todo aquel extraño cereal que me tenía completamente enamorado del plato. Debí de estar un buen rato inmerso en mi propio paladar, porque el señor de ahí delante llamó mi atención sólo cuando me arrebató el tenedor de la mano. Conteniendo la risa me miró y dijo "¡Cuidado, chaval, acabarás por comerte el plato!" yo esbocé una sonrisa y el hombre tendió su brazo sobre su boca para evitar soltar una carcajada "Por cierto, chico, cómo te llamas?" "Soy Marcos" respondí "No es un nombre que haya oído antes, yo me llamo Suren, encantado." dijo mientras me tendía la mano.

Cuando terminé la comida salí del local. Hacha, que había aguantado la voz durante todo el tiempo dijo "Lo he pensado, amigo, tenemos que ganarnos un dinero si queremos movernos por ahí, además así podemos darte lo que necesites para cuando tengas que hacer cosas de humano." yo respondí que me parecía sensato. Y así, me planté delante de la puerta de aquella casa.

No llamé ni una, ni diez, sino quince veces hasta que alguien abrió la puerta. era un joven pálido y flacucho de ojos grisáceos, era bastante alto y llevaba una especie de poncho azul y amarillo tejido con lana gruesa. Dijo "¿ Quién eres? ¿Qué quieres?" ambas preguntas las respondí con una sola frase "Busco trabajo". Entonces el chico hizo un ademán para invitarme a pasar.

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⏰ Última actualización: Oct 27, 2016 ⏰

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