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Capitulo 25

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-Pov Bell-

El aire a su alrededor era una contradicción insoportable, una tortura física que amenazaba con desgarrar su cuerpo y su mente en dos mitades irreconciliables. Por su flanco derecho una ola de calor volcánico evaporaba el sudor de su piel antes de que pudiera siquiera formarse, por su flanco izquierdo una ventisca de cero absoluto mordía su carne, congelando la sangre en sus venas y cubriendo sus pestañas con una pesada capa de escarcha.

Bell Cranel se encontraba en el mismísimo epicentro del fin del mundo. Su respiración era pesada, errática, un jadeo agónico que resonaba en sus oídos por encima del caos ensordecedor que lo rodeaba. A su alrededor el campo de batalla era una pintura surrealista de brutalidad desmedida. Colosales bestias peludas de fuerza titánica chocaban sus masivos puños de hielo contra las enjutas pero letales aves bípedas de la sabana que atacaban con lanzas de hueso y garras de obsidiana.

El crujir de los huesos destrozados y el siseo del hielo evaporándose al contacto con las plumas en llamas llenaban el aire. Y de fondo, como un eco ominoso que hacía vibrar la misma realidad, resonaba la advertencia cruda y áspera del Comandante Pillager en la mente del albino

-Hargh... (La naturaleza, incluso cuando es corrompida, siempre busca un equilibrio... Skadi, la Doncella de Hielo, y Umvuthi, el pájaro del sol...)

Junto a la colosal Tormenta Wither que devoraba el horizonte con sus rayos tractores de color púrpura, estas dos nuevas entidades habían fracturado el Overworld alterando todo el panorama conocido.

Bell apretó los dientes, levantando la vista hacia los cielos distorsionados. Allí estaban las dos calamidades se alzaban imponentes por encima de la carnicería, deteniendo su conflicto mutuo para posar sus miradas vacías y absolutas sobre él. 

La majestuosa ave de plumas de fuego líquido y la imponente deidad de armadura de diamante y hielo eterno. Pero entonces, en medio del terror apocalíptico, la verdad que se había negado a aceptar lo golpeó con la fuerza de un meteorito.

La fisura en la inescrutable máscara de diamante de la Doncella de Hielo se rompió por completo, revelando unos inconfundibles ojos plateados y un hermoso cabello del mismo color. Al mismo tiempo, la voz del colosal pájaro de fuego resonó en su mente, distorsionada pero trágicamente familiar.

El gran horror se apoderó de cada fibra de su ser al descubrir, cara a cara, que aquellas deidades destructoras que amenazaban con consumirlo todo, en realidad eran sus antiguas y amadas aliadas, las mismas que se habían sacrificado por ellos, por él, en el búnker del Arch-Illager.

-Ray... Freya...

Susurró con la voz quebrada y el corazón hecho pedazos, extendiendo una mano temblorosa hacia ellas.

Pero las figuras divinas no respondieron con consuelo. Sus rostros se contorsionaron en expresiones de dolor, celos y una obsesión retorcida por la magia oscura de los artefactos que portaban. 

Los recuerdos comenzaron a deformarse vertiginosamente. El cielo rojo y púrpura se arremolinó, los rugidos de los Yetis y los graznidos de los Umvuthana se convirtieron en un eco ensordecedor que perforaba su cráneo. Lo que alguna vez fue un recuerdo fresco, mutó rápidamente en una pesadilla insoportable.

De repente la tierra chamuscada y congelada bajo sus botas de cuero cedió. El mundo se resquebrajó como un espejo frágil, y Bell sintió que la gravedad desaparecía.

El vacío lo tragó.

-¡Ahhhhhhhhhh!

El grito escapó de sus pulmones mientras caía hacia una oscuridad infinita, agitando los brazos en un intento desesperado por aferrarse a algo a lo que fuera.

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⏰ Última actualización: Aug 09 ⏰

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