- Y Dayanne, ¿cuándo te va a dar por tener novio? - preguntó Abril con su cara de "Contéstame o te meterás en problemas" y aunque me parezca raro hasta a mí, ella es mejor amiga.
+ Deberías de dejar de meterme prisas, no me vale cualquier persona y eso no se encuentra así como así. -otra vez me echó esa mirada que helaba la sangre.
- Pues sabes qué, esta noche hay una fiesta y te digo yo que vamos. -a veces es tan insistente, más sabiendo que odiaba las fiestas y que prefería una tarde de películas y palomitas.
+ No sé por qué a veces insistes tanto, si sabes que es imposible decirte que no. - y sonrió, con esa sonrisa de "he ganado" que tanto me molestaba.
Lo gracioso iba a ser encontrar algo que ponerme, a mí no me molestaba para nada vestir de negro, gris y blanco diariamente. O con camisetas de grupos o de animes que me gustasen. Es más, amaba vestir así y me gustaba mucho la gente a la que le daba igual cómo le mirasen.Pero a Abril no, o por lo menos eso era lo que vociferaba como si quisiese que se enterase mi vecina del quinto. Y cómo no, ella iba con un vestido que te cegaba con tanto brilli-brilli y unos tacones que a mí, sinceramente, me darían vértigo.
No, pero lo peor era que me traía otro conjunto a mí, menos mal que era oscuro y mucho menos deslumbrante. La verdad es que no era nada feo, pero ni de coña me iba a poner esos rascacielos llamados tacones. Así que me puse mis Converse negras y me dió igual la mirada asesina de Abril.
Y cuando creía que ya podíamos irnos y había ganado mi batalla por las Converse, entró mi madre en mi cuarto. Y mi madre, bueno, es un tanto peculiar...-Hija, ¿de verdad piensas ir con esas pintas? Así nunca vas a encontrar a un chico.- Ya estamos, como si que llevase zapatillas o no fuese a influenciar en si alguien pueda quererme tal y como soy. Era una tontería, a mí me gustaba y si alguien estuviese enamorado de mí, le daría lo mismo como visto.
+ Vale, mamá. ¿Puedes dejar que me vaya cómodamente y aceptar mi vestimenta por una vez?
-Bueno, tú verás. ¿Llevas precauciones, ya sabes, "gomitas"?- Sí, mi madre es así. Lo mejor es que sabía de sobra que yo era virgen y que no pensaba perderla en una fiesta con alguien que no conociese. Y supongo que dejó el tema cuando vió la cara que estaba poniendo.
La fiesta no estaba lejos de mi casa, como mucho a dos calles y se escuchaba la música nada más abrir la puerta del portal. Puf, encima reggaeton, tenía unas ganas increíbles de subir corriendo las escaleras hasta mi casa, pero ya tenía a mi mejor amiga impidiéndomelo como si me leyese la mente. Lo bueno es que Abril me conocía (y mucho), lo malo es que en estas situaciones no me gustaba que supiese lo que pasaba por mi mente.
Mientras andábamos hacia la casa, no dejaba de hablar sobre las ganas que tenía de encontrarse a un chico. Y digo "un" porque no sabía ni de quién me estaba hablando, ya no me quedaba memoria para todos los nombres (o mejor dicho, hombres) de los que hablaba Abril. Este empezaba por "E", creo.
-Es que está buenísimo, te lo juro, Adam me encanta.- Ah, pues no. ¿Adam? Ni me sonaba. Y la verdad es que nunca me habían importado demasiado los chicos, menos los de los libros. La de veces que me habré enamorado del personaje de una novela.
Y por suerte o por desgracia, Abril acabó tocando el timbre de la casa. Había mucha gente (demasiada para mi gusto) y me estaba agobiando ya, sin haber entrado. Entramos y un grupito de personas fueron a hablar con Abril (en realidad no sabía cómo podía ser mi amiga) y ella me presentó, mi timidez salió a la luz y solo supe decir "Hola, encantada" y ellos se acercaron a darme dos besos (llegué a contar unos 8 pares de besos, a mí, a la persona que menos le agradaba el contacto físico).
Un chico del grupo se me acercó bailando esa música que tan poco me gustaba, con una sonrisa de oreja a oreja (sí, se notaba que iba muy pedo). Creo que se había presentado antes como Eiden.
-Hola, preciosa. ¿Te apetece bailar?- Puag, apestaba a alcohol.
+No, gracias. Soy muy patosa y la verdad, odio esta "música".- hice las comillas con los dedos. Wow, qué cara puso, era una mezcla entre desprecio y "¿por qué he hablado con esta tía?".
-Buah, lo que te hace falta a ti es beber algo, bailar conmigo y luego lo que surja.- ¿En serio? ¿De verdad me había soltado eso?
+Lo que puede surgir es que te mande a la mierda. Ups, creo que ya ha ocurrido.- Y me fui, aunque no sabía hacia adónde me dirigía ya que no sabía nada sobre esa casa.
Terminé en la cocina, buscando algo en el frigorífico, me lo había ganado por ese comentario tan ingenioso delante de Eiden. Quería estar sola, pero se escuchó cómo alguien abría y cerraba la puerta.
-Seguro que te lo estarás pasando mejor con la cabeza metida en el frigo que en el salón con esa música que taladra oídos.- Miré tras la puerta de la nevera y ahí estaba, la persona de la que procedía lo mejor que había escuchado en la noche.
Iba con los ojos pintados demasiado de negro, pero eso resaltaba sus ojos azules y el pelo un tanto despeinado. Y vaya, llevaba la chaqueta de cuero que llevaba pidiendo por mi cumpleaños desde que tenía 13 años.
+Bueno...yo estaba buscando algo que me ayudase a aguantarlo y por lo que mañana no tuviese resaca.
-Chica lista, venga, que te voy a llevar al Burguer más cercano.
+Lo creas o no, es lo más bonito que me han dicho en todo el día.
-Déjame que lo dude, chica de la nevera.
+¿Chica de la nevera?-reí como si fuese lo más gracioso del mundo.
-Sí, déjame perfeccionar tu apodo, pero por ahora, te quedas con ese.- Y me sacó de la cocina a rastras.
-¡Ey, Lexi! ¿Dónde vas?- Le preguntó a la chica que me había secuestrado.
Era un chico, con el pelo rojo y una camisa a cuadros. En realidad no sabía qué hacían aquí personas tan alternativas, bueno, tampoco sabía que hacía yo aquí.
-Voy a hacer de príncipe azul para la chica de la nevera, voy a rescatarla.- Dijo con una sonrisa en la boca, lo peor fue que su amigo ni preguntó.
-Pues bueno, Lexi, nosotros seguiremos cogiendo bebida gratis y luego nos iremos a casa de Ian.-Dijo, y Lexi no tardó ni dos segundos en arrastrarme fuera de la casa y meterme en su destartalada furgoneta.
+No puedo dejar a mi amiga ahí, sin avisarla.-En realidad no me importaba nada, en realidad no sabía por qué confiaba en esta chica y en sus pintas siniestras. Pero me sentía comodísima en su coche.
Llegamos al Burguer, cogimos la comida y nos sentamos en el césped de un parque que estaba cerca.
-Y bueno, chica de la nevera. ¿Qué te gusta hacer además de robar comida en fiestas?- dijo con una sonrisa que no sabía si me gustaba o me molestaba.
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Don't go away.
Teen Fiction“Ella era, ¿cómo decirlo? Lo que le daba color a mi día a día.” [No subiré capítulos demasiado largos, pero intentaré escribir lo máximo posible].