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Con un sudor frío en todo mi cuerpo, desperté de manera brusca. Sentía como mi corazón palpitaba de la manera más rápida posible que jamas haya sentido, junto con un temor y una presión en el pecho.

El miedo no era por el repentino despertar sino por la razón por la que ocurrió.

Una pesadilla.

Yo no suelo tener pesadillas pero cuando ocurren son de las peores que puedo sufrir. Esta vez creo que fue la peor en toda mi vida.

Trato de controlar mi respiración, no quisiera despertar a Leo, quien duerme encima de mi pecho plácidamente, después del dolor que acababa de sufrir, pero me es muy difícil. Realmente era de lo más horrible que acababa de soñar.

Limpié el sudor de mi frente y pasé mis manos por mi brazos. No sé cuanto tiempo estuve soñando lo mismo pero creo que fue lo suficiente como para alterarme y sudar lo suficiente.

Miré a Leo y sonreí ante tal vista; su cabeza descansaba en mi pecho junto con una de sus manos, respiraba tranquilamente y parecía que dormía tranquilamente. Simplemente no quiero despertarlo y no lo haré. Había pensado que, tal vez, hablar con él me ayudaría a relajarme y calmar mis latidos.

Pero no. Ahora el tan solo verlo dormir a mi lado y en nuestra cama es más que suficiente. Dejé caer mi cabeza en la almohada y miré al techo recordando la pero pesadillas que jamas tuve:

Yo estaba ahí, era un lugar muy oscuro y era casi imposible de ver detenidamente, estaba muy frío y solo. Sin embargo, al instante, escuché la voz de un hombre, se escuchaba detenidamente como un hombre de edad joven.

De repente el sonido de unas cadenas...si, estoy más seguro que había un sonido de cadenas en la pesadilla...caminé hacia el sonido. Caminando a través de la oscuridad, noté que en mi lado derecho había una pared, se podía oler el olor de la humedad en la pared...

¿Humedad? ¿Por qué?

Delante de mi, había un desvíe hacia la derecha. De ahí proviene el sonido de las cadenas...

Al dar vuelta...preferí rotundamente no haberlo hecho.

Leo estaba ahí atado con cadenas en sus muñecas, tobillos y muslos sentado, estaba recargado en el suelo y la pared lo sostenía. Sollozaba y suplicaba con dolor. Se notaba claramente que las cadenas ya le habían cortado la piel y tenía rasguño junto con algunos moretones en la piel.

Corrí a su lado con el pánico en mi corazón...

-Leo...-llamé en voz baja.

Él levantó la cara y sonrió.

-Rafa...-susurró, al instante él pareció reaccionar y levantó la cabeza buscando algo...o alguien.

-Tranquilo, te sacaré de aquí...-saqué un pequeño cuchillo debajo de mis vendas de la muñeca.

-No, no, no, no Rafa, tienes que salir de aquí. Estás en peligro-Leo se alteró y trató de moverse. Fallando.

- ¿Acaso estás loco? No te dejaré aquí-empecé a cortar la cadena, eran débiles así que no tardaría mucho.

-No, Rafa, no lo entiendes, tienes que salir de aquí, él...

Leo fue cortado de repente la voz del hombre, los volteamos hacia una misma dirección, era misma voz que había escuchado hace tiempo.

-Rafa, sal de aquí, por favor-Leo insistió.

-Pero...

-Tan solo hazlo...por favor-las lágrimas salieron de sus ojos-estaré bien.

Nueva VidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora