II.Miles y 'la sala'

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La estantería se hizo a un lado cuando acabé de tirar de ella y me abrió el paso a una sala oscura y pequeña.

Encendí los leds blancos que colgaban del techo y comprobé que todo estuviera en orden, que cada arma estuviese en su sitio.

Todo correcto. O casi correcto. Me faltaba la Magnum. Y yo no la había cogido.

Me acerqué más al expositor de las pistolas y observé que había un pequeño post-it amarillo pegado en el cristal.

'He tomado prestado tu juguete. Llámame si lo quieres. M'

¿Por qué diantres tendría que haberle dado las llaves de mi casa a Miles?

Me preguntaba por qué un policía querría mi pistola. Que yo sepa, él ya tiene la suya.

Salí corriendo del cuarto y cerré la estantería detrás de mi. Cogí el teléfono y marqué el número de Miles.

-Cabrón.-grité cuando cogió la llamada.-¿Quién te crees que eres entrando a mi casa así porque sí y robándome mi más preciada pistola?

-La he tomado prestada, Lilith.-se disculpó Miles.

-No, no intentes disculparte. Te dije que te daba las llaves de mi casa con una condición; que nunca entrases a 'la sala'.

-Eso haberlo pensado antes de soplarme el secreto de 'la sala'. Eres muy despistada, Lil. Si quieres vengarte de alguien, primero vas a tener que ser más avispada.

-Vete a la mierda más profunda, Miles. Además, ¿por qué cojones la has cogido?-pregunté intimidante.

-Para ponerte a prueba.

Notaba una sonrisa al otro lado del teléfono. Conocía perfectamente a Miles, siempre se tomaba todo a cachondeo. No, no. Mi querida Magnum y yo somos inseparables.

-Sabes lo preciada que es esa pistola para mí.

-Relájate, Lilith. Mañana te la llevo.

-Ahora.

-Ahora no va a poder ser posible. Tengo una montaña considerablemente grande de papeleo por hacer y cosas por archivar.

-¿Desde cuándo haces el papeleo?

-Me lo apunto; esa excusa no vale contigo.-comentó risueño.

-Sé perfectamente que estás en pijama sentado en el sofá jugando al GTA V. Te conozco mejor de lo que tú piensas.

Se quedó callado. Eso significaba punto para mí; ¡lo sabía!

-¿A caso has colocado cámaras en mi salón o algo?

-Ya te lo tengo dicho; soy adivina. Ahora enserio, ven a darme la puta pistola.

-Pero es que...

-Deja de lamentarte cual niño pequeño que no quiere recoger su cuarto.

-Está bien... Ya voy.

-Si vienes ya, puede que me pilles en la bañera.

Colgó. Que cabrón, era un pervertido de mucho cuidado.

Pero no me metí en la bañera. Simplemente me desnudé y me cubrí con mi corta bata de seda roja.

Me tumbé en el mullido sofá y consulté el Instagram.

¡Oh, mira! ¡El cerdo de mi primer ex con la zorra de su novia! Esa rubia de bote no tenía nada que hacer conmigo. Él se lo ha buscado; no me quiso a mí, sufrirá las consecuencias. Y no se lo voy a poner fácil.

El timbre sonó antes de lo que pensaba. Vaya, no sabía que chantajear a Miles diciéndole que estás desnuda fuese a causar tanta prisa en él. Me levanté del sofá y corrí de puntillas hacia el recibidor. Abrí la puerta. Miles estaba sonriente, clavando su mirada en mis pechos. Que raro.

-Vaya, esto no es lo que me esperaba...-musitó deprimido.

-No te quejes. Te estoy dejando ver más de lo que quería enseñar.

-Tonterías, siempre vas enseñando.

-Anda, deja de decir estupideces. ¿Has traído la pistola?

-¡Hostia, la pistola! Se me ha olvidado en casa.

Abrí los ojos y me dispuse a darle un manotazo bien dado en la cara.

-Que no, joder. Aquí está.-dijo sacando de su gabardina azul marino mi Magnum.

Se la arrebaté aprisa de las manos y la abracé.

-No sabes cuánto te he echado de menos.-exclamé.

-Estás loca, Lilith.-comentó Miles risueño.

Me metí en el apartamento haciendo caso omiso a sus palabras y me adentré de nuevo en 'la sala'.

Corrí el grueso cristal del expositor y dejé la pistola en su posición habitual.

-Buenas noches, pequeñas.-dije despidiéndome de mis queridas armas mientras salía de 'la sala'.

Encontré a Miles tumbado en el sofá. Cuánta libertad se estaba tomando últimamente.

-Oye, querido,-dije captando la atención de Miles.-quita tus pies de mi sofá.

-Enseguida, milady.-dijo levantándose y haciendo una reverencia, con su acento inglés tan sexy.

Sonreí y me senté cruzando las piernas. Intercambiamos miradas.

-Bueno, ¿y si salimos a cenar fuera?-propuso Miles.

-No me parece mal. Pero me tengo que duchar.

-Genial. Vamos, yo te ayudo.-dijo dirigiéndose al baño.

-No, no, querido. Tú te quedas aquí.-le ordené risueña mientras le sentaba de nuevo en el mullido sofá.

Me di la vuelta y dejé que la bata cayese al suelo. Caminé hacia el baño, siendo consciente de que Miles me estaba mirando el trasero.

Cerré la puerta y sonreí. Miles era mi salvación a todo esto. Él iba a ayudarme siempre, ya que él era el policía más jodidamente corrupto de todo Nueva York.






Memorias de una asesinaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora