|IZZIE|
Había vuelto a la rutina. Rutina. Que palabra tan odiosa, pero que al mismo tiempo traía aparejada cierta estabilidad de saber que esperar y cuando.
Había vuelto a la cursada diaria, estudiar para los finales, los trabajos en grupos, y a las prácticas semanales. Veía a Claire en nuestra casa cuando ambas nos encontrábamos allí, me cruzaba en el campus con Chris, y compartía gran parte de mi día con Mel que me contaba de sus aventuras. Me quejaba de mi vida, mientras no hacía nada por mejorarla al mismo tiempo que continuaba caminando por el sendero del estrés.
Se podría decir que todo era prácticamente lo mismo de siempre. Excepto claro, por Darien. Siempre Darien. Ya podía imaginar a Mel poniéndome los ojos en blanco con aire soberbio.
Él estaba en mi mente por más que no lo quisiera, y no ayudaba absolutamente en nada que nos escribiéramos prácticamente todo el día. Ni siquiera prestaba atención a mis clases por estar con el móvil, aunque debo admitir que él me ayudaba a no caer dormida en medio de otras tantas. No hablábamos de nada en particular, como siempre. Solíamos hablarnos por mensajes de texto, pero la cercanía física, parecía incrementar aún más el tiempo de conversación. Y los tópicos se volvían absurdos.
— ¿Crees que me vería bien con el pelo verde? —me preguntó de repente. Leí el mensaje un par de veces, intentando encontrar algún mensaje subliminal.
— ¿Estás hablando en serio? —le pregunté, porque era totalmente ilógico. Aunque lo ilógico combinada perfectamente con Darien.
— Sí, quiero un cambio. Algo loco y único —respondió, seguido de innumerables emojis. Oculté mi sonrisa bajo mi mano, y miré de soslayo a una Mel que estaba por caer dormida sobre su escritorio. Frente a nosotros, la profesora hablaba sin parar, señalando la proyección, muy lejos de nosotras.
— Creo que te quedaría mejor el azul, aunque si yo fuese tú, intentaría con algo un poco menos radical —respondí, asegurándome no ser atrapada enviando mensajes.
— ¿Cómo qué? —inquirió. Me encogí de hombros, como si acaso pudiese verme.
— No sé, tal vez un corte de pelo —dije, y él me respondió con una seguidilla de caras de furia y descontento—. Ok, quizás un tatuaje o un piercing. ¿Eso te va? —pregunté desafiante, bombardeándolo con caritas, como él a mí.
— Si, eso me va más. Lo voy a pensar —respondió enseguida.
No sabía que más ponerle así que no le escribí, y él tampoco lo hizo. El resto de la tarde estuvo tan silencioso que daba miedo. Darien era como un niño inquieto que necesitaba hacer algo siempre, ya sea para llamar o no la atención, y si acaso había un instante de paz a su lado, era porque una tormenta se venía.
— ¿Te teñiste el pelo? —le escribí mientras salía de la facultad, de camino a mi casa con Mel a mi lado. Ella miraba vidrieras mientras me hablaba acerca de la chica con la que tendría una cita el fin de semana. Al parecer, todos estaban con las hormonas alborotadas, excepto yo. Como siempre...
— Quizás... —respondió al tiempo. Sorprendida, me apuré a escribir pero desistí cuando envió otro texto—. Estoy por hacerme un tatuaje. ¿Quieres ir y ver cómo sufro? —preguntó. Dudé si aquello podía ser realidad, ya que Darien le temía a las agujas más que yo. Pero tener la satisfacción de verlo en estado débil, no tenía precio.
Así que acepté.
— Tengo una duda —murmuró Mel con mirada analítica, posando sus ojos en un Darien un tanto aterrado en sobre la silla, a la espera del tatuador—. ¿Siempre fue así de loco? —inquirió, volviéndose hacia mí.
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Besos en el cuello
General FictionIsobel detestó a Darien desde el primer momento en que lo conoció. Darien se intrigó en Isobel desde que puso los ojos en ella. Algunas relaciones están destinadas a ser efímeras, y otras a traspasar las barreras del tiempo. 1º Edición Agosto 2015 2...
