.Capítulo 13.

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|DARIEN|

Me había hecho un tatuaje. Un tatuaje, o sea, algo que concierne agujas, tinta y sangre. Y había sobrevivido exitosamente. ¡Era genial! Había estado aterrado como la mierda, pero no me importó porque necesitaba hacer algo loco para recordar mi paso por Clemencia. Me iba en dos días, y todo en mi vida era una lluvia de contradicciones que me golpeaban salvajemente.

Quería irme, y al mismo tiempo no. Deseaba estar allá, pero necesitaba más tiempo acá. Por fin estaba teniendo una relación semi normal con mi hermano Daryl, y mis padres ya comenzaban a tratarme como un adulto independiente. Había logrado conocer personas geniales, y pasaba los mejores días con Clary e Izzie.

Izzie. Ella era una de las cosas que más me costaba resignarme a dejar en Clemencia. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado? ¿Por qué debía vivir en la otra mitad del mundo y ella ser tan independiente y con aspiraciones de ser alguien malditamente perfecta? ¿Por qué acaso ninguno de los dos se resignaba a dejar todo por el otro?

La respuesta me golpeó con ferocidad. Ambos éramos igual de orgullosos, tercos y ambiciosos. Queríamos el mundo entero a nuestros pies y haríamos cualquier cosa por lograrlo, aun renunciar a los deseos de nuestros corazones, porque lo primero era la razón.

Intentaba olvidar que me iría por vaya a saber cuánto tiempo, pero nada ayudaba a que eso ocurriera. Y estaba en mi casa, con la música a todo volumen, observando a Claire, Mel e Izzie bailar torpemente junto a Seth, sentado al lado de Christian y con una pierna que ardía un poco. Pero ahora que me sentía valiente e imparable, no iba a retroceder quejándome.

— Debo reconocer que esperaba muchas cosas de ti, menos que fueras alguien que me agradara —murmuró Christian, con tono pensativo, con sus ojos celestes pálidos sobre mi prima. Volteé para dedicarle mi mejor mirada condescendiente, y pese a que me mostraría arrogante y un tanto ofendido, nunca me metería con él; su complexión era más grande que la mía.

Él y mi prima realmente se llevaban una considerable diferencia de altura, pero aun así no desentonaban cuando estaban uno al lado del otro.

— Eh... ¿Gracias? —pregunté dudoso. Él sonrió divertido, y me miró con malicia, sacudiendo su pelo rubio pálido.

— ¡De nada! —respondió— Resultaste no ser tan arrogante y malintencionado como pensé que sería alguien que vive en Paris, y se ve como un maldito modelo de Tom Ford —agregó.

En serio Chris, no necesitas seguir halagándome. Afiné los ojos sobre él, con cierta impaciencia que intentaba mantener porque sabía que todos nos encontrábamos bastantes pasados de copas.

— ¿Cómo sabes quién es Tom Ford? —pregunté con curiosidad.

— Claire, ella obliga a todo el mundo a ver desfiles, anuncios y ropa de diseñadores. Realmente está loca por la moda —meneó la cabeza, con una inquieta sonrisa.

También sonreí al pensar en mi prima obligando a todos a meterse en el mundo de la moda. Ella era romántica y fashionista. Y estaba seguro que si acaso ella le rompía el corazón a alguien, lo haría con amabilidad y tacones altos.

— Tampoco creí que me agradarías, sobre todo ya sabes, porque estas interesado en mi prima. Pero sentí cierta afinidad —reconocí bebiendo más de mi cerveza. Creí que lo vería dudar o ponerse a la defensiva, pero solo mantuvo su mirada fija en la mira y suspiró.

— Desde que la vi por primera vez he estado enganchado a ella, luego de años por fin me dio una oportunidad que voy aprovechar para no defraudarla —dijo. Sentí alegría de saber que mi prima tenía la oportunidad de estar con un chico que posiblemente la mereciera, y mi admiración por Christian se elevó aún más— ¿Y tú? —me preguntó.

Besos en el cuelloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora