|Isobel|
Aquel día me había agotado pero era lo que necesitaba.
Necesitaba olvidarme de mi vida por unas horas, cambiar de aires y estar con personas que me hicieran bien. ¿Y qué mejor que mis dos hermanas para eso? No pensé que podría haber algo malo hasta que Claire y Abigail comenzaron a complotarse para que hiciéramos lo que ellas querían. Desistí de luchar y simplemente me uní al enemigo; recorrimos tiendas de ropa, nos aislamos de la sociedad durante horas para tratamientos de belleza, leímos revistas de moda y almorzamos comida elegante.
Nos sentíamos parte de Sex and the City, aunque claro, mucho no podíamos asemejarnos siendo que estábamos acompañadas de una rebelde adolescente de 13 años.
Cada día que pasaba con Abbie, me maravillaba de lo increíble que era. Yo a su edad era un tanto inmadura y bastante cascarrabias, en cambio ella está llena de emoción y alegría. Y en algunas temas era más madura que yo. Pero solo en algunos. Abbie es alta para alguien de su edad, con un cuerpo bien formado; gracias a papá Novak compartimos la barbilla fina, los pómulos y el color de ojos ambarinos. Y de parte de su madre, sus rasgos eran más acentuados y su cabello castaño claro caía lacio sobre su espalda.
— Se han peleado todo el día —dijo Claire, exagerando un poco. El día de chicas había terminado y solo queríamos llegar a la casa para tomarnos un descanso del día de descanso.
Claire había aprovechado aquel día para cortar su largo y castaño cabello hasta encima de sus hombros. Solo habían pasado horas y ya comenzaba a volverse molesta de tanto mirarse en los reflejos de las cosas. Se veía bien, más estilizada y elegante, pero podíamos decírselo cien veces que ella necesitaría confirmar su aspecto con una revisión en el espejo.
— La culpa la tiene ella —se quejó Abbie, elevando su tono indignante—, no me quiso llevar a ese lugar. ¿Qué le molestaba hacerse pasar por mi mamá? Si casi tienen la misma edad —agregó la desubicada.
Sentí una punzada de ira atravesarme bruscamente, y la miré con horror intentando no sentir el rencor envenenando mi alma. Abbie solo se había encaprichado con ir a un casino siendo que no podía, y que me comparara con su madre era el peor comentario que podía hacerme. Y ella lo sabía.
— Vuelves a decir que puedo ser tu madre y te corto la lengua, Abigail Novak. ¿Entendido? —le dije elevando mi voz, aunque mi voz era tan resonando y fina que poco temor podía darle.
Y si algo había que reconocer en Abbie, era que había logrado meterse en mi corazón como nadie lo hizo. O tal vez sí pero ese tema era del pasado.
O eso creí, hasta que vi a la razón de mi tormento allí sentado junto a Christian.
Sentí toda la sangre abandonar mi rostro y la habitación giró vertiginosamente a mi alrededor, mientras Darien se había convertido en el eje de la tierra. Me resultaba poco creíble verlo allí. Vestía un jean y una camisa, dándole un toque más maduro a su apariencia. Su pelo castaño ocre estaba bien peinado hacia atrás, y una suave barba ocupaba su mandíbula. Sus ojos se oscurecieron bajo sus pobladas cejas, y sentí mi boca secarse completamente cuanto más tiempo ocupaba mirándome.
Se veía hermoso. Dolorosamente hermoso. Tanto que mi corazón se retorció en su propia miseria y luché por mostrarme serena. Alejando el dolor de la superficie y enterrándolo en lo más profundo de mi alma, dónde se encontraban recuerdos que quería olvidar. Recuerdos que me torturaban noche tras noche.
— Darien, qué alegría verte. ¿Qué haces aquí? —exclamó Claire a mi lado. Ella tardó menos tiempo en reaccionar a su presencia pero podía vislumbrar en su tono de voz, que también había sido tomada de sorpresa.
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Besos en el cuello
General FictionIsobel detestó a Darien desde el primer momento en que lo conoció. Darien se intrigó en Isobel desde que puso los ojos en ella. Algunas relaciones están destinadas a ser efímeras, y otras a traspasar las barreras del tiempo. 1º Edición Agosto 2015 2...
