|DARIEN|
Estabas un día entre la naturaleza, y uno ya se sentía como estuviese de expedición por el África por años.
Podía oír las quejas del cobarde de Alain, quien había desistido de tirarse hasta que yo mismo me encargué de que terminara en el agua. Armábamos un humilde campamento entre risas y bromas mientras él se quejaba de los insectos. A decir verdad, estaba bastante decepcionado de mi amigo. Él no era tan aventurero como se hacía ver. O más bien, él era aventurero en otros rubros.
— Si mi padre me ve en esta situación, estoy seguro que se infartaría —dijo, hablando en inglés para que Izzie también pudiese entenderlo.
Me reí a carcajadas al tener la seguridad que sus padres con dinero y rodeados de lujos lo mirarían despectivamente, probablemente se le burlarían y comentarían algo acerca del mal gusto de sus actividades. Ellos eran bastante particulares, casi tanto como Alain.
— Deja de llorar y come algo —comentó tendiéndole una bandeja con cosas que habíamos preparado para pasar la noche allí, bajo las estrellas y los árboles.
Nos habíamos alejado un poco de la cascada, así que el sonido del agua era un suave susurro que se mezclaba con las hojas. Era una sinfonía que resultaba difícil resistir.
Alain se acurrucó en la entrada de su carpa, y comenzó a comer lentamente. Izzie y yo nos intercambiamos miradas de comprensión, como si acaso fuésemos dos padres que debían comenzar a resignarnos por su hijo... el cual sería Alain.
Izzie entró por un instante a su carpa para abrigarse y volvió a unirse a nosotros, para sentarse a mi lado frente al pequeño fuego. Me dedicó una de sus sonrisas sinceras y alegres, las que me daba placer ver y quería ser la causa de ellas. Sus ojos brillaban como el oro con el fuego, y me perdí en su mirada por un momento hasta que me percaté de que me hablaba.
— Deja de mirarme y come —me advirtió. Elevé mis cejas con soberbia y ladeé mi cabeza.
— ¿Acaso soy él para que me mandes a comer? —pregunté con cinismo, moviendo mi cabeza hacia un Alain que se quejaba silenciosamente mientras comía con mucha hambre.
— No, pero me estas mirando de ese modo y me incomoda —se quejó en voz baja. ¿Ella? ¿Incomoda?
Hice un pequeño esfuerzo para no poner los ojos en blanco.
— ¿Y de qué modo te estoy mirando para que estés incomoda? —pregunté con interés. Ella se irguió con esa fuerza poderosa que podía aplastar a cualquiera y sus ojos evidenciaban sarcasmo.
— Ya sabes, de ese modo... como si estuvieras desnudándome con la mirada —explicó con torpeza, dándome un codazo y decidiendo que era hora de que ella se alimentara. Más que nada lo hacía para evitar seguir con el tema.
Sonreí para mí mismo, y me acerqué a ella sutilmente.
— Me encantaría desnudarte pero con mis manos, suave y lentamente —susurré provocativamente, sintiéndola tensar. Dejé un beso en su cuello y me alejé para no ser herido físicamente, pero su mirada sobre mí me indicaba que eso no era lo que quería.
Vi fuego y pasión, y nada de eso tenía que ver con el fuego frente a nosotros... lo aseguro. Respiró hondo, conteniendo el aire por unos segundos, y en silencio con el rostro ruborizado volvió a centrarse en su cena.
— ¡Te has vuelto todo un romántico, Amell! —gritó Alain en un español muy raro, haciéndonos saber que nos había oído. Y lo peor de todo, nos había entendido.
Izzie largó una carcajada vergonzosa y catalizadora, y yo le tiré lo que tenía más cerca para que cerrara su boca de una vez por todas.
— ¡Vete a dormir y deja de molestar al prójimo! —le advertí con amenaza, pero si algo respetaba poco Alain, era a mí.
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Besos en el cuello
Fiksi UmumIsobel detestó a Darien desde el primer momento en que lo conoció. Darien se intrigó en Isobel desde que puso los ojos en ella. Algunas relaciones están destinadas a ser efímeras, y otras a traspasar las barreras del tiempo. 1º Edición Agosto 2015 2...
