.Capítulo 31.

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|IZZIE|


Era un día oscuro y lluvioso, la melancolía y la pereza recorría todo. En el día siguiente nadie trabajaba y todo se prestaba para un solo tipo de situación...

— ¿Cómo llegamos a esto? —pregunté.

— Hm... creo que fue porque trabajo de tarde y tú saliste temprano, y pasó mucho tiempo desde la última vez que hicimos esto —respondió Claire.

Y por "esto", ella se refería a estar acostadas en el sillón de mi casa, tapadas con mantas y mirando una película de comedia romántica. Pero claro, no estábamos solas. Nos acompañaban Abbie, quien dormía una siesta a mi lado y Lydia, quien estaba en su cochecito durmiendo pacíficamente.

No había cosa que apreciara más que pasar horas con mis hermanas y mi sobrina. Simplemente estábamos en silencio, acurrucadas como cuando éramos dos adolescentes que trasnochaban para mirar películas y que al otro día llegábamos a la escuela tarde por no poder despertarnos.

Teníamos suerte que esa noche Christian tenía una cena con amigos y no debíamos inventar una excusa para echarlo de nuestro circulo de mujeres.

— Quizás él me mintió y en verdad se va a ir a una fiesta rodeado de strippers pero nada se compara con tener a Michael Fassbender —murmuró Claire mirando la televisión con devoción.

Sonreí divertida mientras miraba la película hasta que mi inconsciente me avisó que no estaba siendo totalmente sincera con mi mejor amiga y hermana. La miré de soslayo y dudé. Ella ya sabía todo de mi historia con Darien y había pasado a mi lado lo peor de todo eso. Había tomado la noticia de un modo inesperado: enojada por ocultárselo aunque ya lo sabía y luego se puso contenta, y solo pasaron minutos antes de que se volviese a enojar. Aquellas horas fueron de una Claire muy ciclotímica, donde la peor parte de su enojo y decepción la llevó su primo, por desgracia.

— He estado hablando mucho con Darien —dije tras aclararme la voz. Hablaba despacio y contemplando sus expresiones; sus ojos castaños se posaron en mi con atención—, por lo de su madre, sus dudas de su trabajo y sobre el bebé que perdí —agregué. Sus ojos se agrandaron por una milésima de segundos y supe que la sorprendí.

— ¿Se lo dijiste? —preguntó, y yo asentí en silencio. Una tenue sonrisa se dibujó entre sus labios y sé que la decisión que tomé fue la correcta—. Me alegra que lo hayas hecho, ¿Cómo lo tomó él?

Me encogí de hombros. Muchas veces imaginé ese momento pero la realidad fue completamente diferente. No hubo gritos de odio, culpa o rencor. Solo hubo dialogo, entendimiento y empatía. Aquello, nos demostró lo mejor que ambos podíamos dar en la peor situación.

— Mucho mejor de lo que creí —dije, haciéndole saber que todo había resultado bien—. A veces se siente triste y culpable por todo, pero está tratando de sobrellevarlo. Dijimos que somos un equipo y sabes que no me puedo resistir a ayudar a las personas. Él tiene muchas cosas con las que trabajar, y solo necesita descargar todo de alguna manera —agregué. Ella me miró con ternura y me sonrió.

— ¿Descargar cómo? ¿Con sexo? —Inquirió con picardía, y luego que hizo la pregunta negó rotundamente—. Por favor, no respondas a eso, no quiero unir la palabra Darien y sexo en una misma oración —murmuró.

Sentí mi cara enrojecer un poco pero aun así me reí divertida.

— No, en lo último que pienso es en sexo. No después de haber perdido un bebé producto de un descuido —comenté—. Estoy temerosa a todo.

— Te entiendo, pero eso no significa que debas cerrarte a toda clase de posible relación con alguien —me advirtió, y yo suspiré profundamente por qué conocía cuál era su miedo.

Besos en el cuelloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora