|DARIEN|
— ¿Día complicado? —le pregunté en un susurro, tan cerca que sentía su perfume seduciéndome para tocarla. Ella estaba sentada en la cafetería del club donde asistía con sus amigas. Por alguna razón estaba sola y yo había huido de la presencia de mis amigos de aquella época.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó tras sobresaltarse; sus grandes ojos ambarinos se posaron en mí con incredulidad.
— Disculpa, ¿Nos conocemos? —bromeé, moviendo una silla y sentándome a su lado. Intentó verse desafectada pero era obvio que no comprendía que hacía allí; tras conocernos en Bahía Azul, ella creía que no me vería más, pero no pensaba dejar que eso ocurriese—. Soy Darien Amell ¿Y tú?
Habíamos hecho las paces para empezar de nuevo, y eso intentaría.
Ella se tardó un instante en reaccionar, aceptando la mano que le tendía. Me recorrió con su mirada astuta y luché para que mi sonrisa no fuese tan evidente.
— Isobel Novak, pero puedes llamarme Izzie —me respondió ella, apretando su mano con firmeza con nuestras miradas sacando chispas; ella irradiaba desconfianza y análisis mientras que yo me veía burlón y tranquilo.
— Lindo nombre —comenté relajándome un poco, sin quitar mis ojos de ella. EL vestido floreado y su pelo recogido le daban un aire desenfadado y juvenil que era irresistible para mí—. Conocí a una chica en el verano con un nombre similar, ella quería hacerme creer que no le agradaba pero en el fondo estaba cautivada —comenté.
— Quizás simplemente no le agradabas, pareces alguien un tanto... intenso —dijo controlando la sonrisa que se le quería formar.
— Si por intenso, te refieres a alguien que ama las aventuras, vivir la vida y tener nuevos objetivos para desafiar sus límites, entonces soy culpable. Condéneme señora jueza —exclamé con dramatismo sin importarme si mi volumen de voz llamaba la atención de las personas o me dejaban en ridículo.
Ella intentó callarme y solo lo logró cuando me consiguió una bebida.
— ¿Acaso no tienes vergüenza o miedo a nada? —preguntó indignada.
— Claro que sí, le tengo miedo a la sangre, a los bebés que lloran y a enamorarme de ti —respondí con una sonrisa. Ella puso los ojos en blanco desestimando mis palabras creyéndolas puras burlas, sin saber lo reales que eran.
— ¿Y qué hace alguien como tú aquí? —preguntó ella, cambiando de tema y yo la miré ofendido.
— ¿Qué quieres decir con alguien como yo? ¿Eso es una ofensa? Creí que íbamos a arrancar con el pie derecho, Novak —me quejé y ella me dio una de sus miradas que me indicaban que debía callarme. Luego reconocería que me miraba así cuando estaba cansada de escucharme hablar tonterías y ser dramático sin razón alguna.
— Te creí en un lugar mejor para alguien que vive en París, como tú —respondió, y ante mi inusual silencio, agregó— te aseguro que no es una ofensa, al contrario. Diría que perteneces a un sitio mejor que esto.
Hubo un breve silencio que fue el tiempo en que tardé en tomar parte de mi licuado. Ella me miraba tan intensamente que si mi cerebro actuara como es debido frente a chicas lindas, estaría sonrojándome o sintiéndome intimidado.
— Vine con unos amigos pero me sentía extraño con ellos tras tanto tiempo —respondí volviéndome serio— y tengo que soportar personas interesadas en mi vida cuando nunca me escribieron ni saben la fecha de mi cumpleaños. Al parecer soy el mejor amigo de todo el mundo últimamente —agregué con una amarga sonrisa, queriendo controlar mi impotencia.
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Besos en el cuello
Ficción GeneralIsobel detestó a Darien desde el primer momento en que lo conoció. Darien se intrigó en Isobel desde que puso los ojos en ella. Algunas relaciones están destinadas a ser efímeras, y otras a traspasar las barreras del tiempo. 1º Edición Agosto 2015 2...
