.Capítulo 30.

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|DARIEN|

— ¿Alguna vez te llamaron Tuxedo Mask? —inquirió Abbie, ladeando su cabeza y entornando sus ojos sobre mí. Tenía sus brazos cruzados en actitud desafiante y altanera.

Le sonreí. Más que nada porque reconocía cada detalle en ella que era propio también de Izzie. Me acomodé contra la mesa, junto a Isobel; los dos estábamos intentando hacer un buen equipo en la cocina pero aún no se si estábamos lográndolo.

La miré con diversión y Abbie continuó viéndose desafiante. Ella estaba encantada conmigo pero eso no significaba que podía intimidarla y hacerla sentir tímida.

— ¿Cómo conoces a Tuxedo Mask? Eres demasiado pequeña para conocerlo —me quejé. Sus ojos se oscurecieron y se irguió, dispuesta a pelear.

— Responde a mi pregunta —exigió. Sonreí sin poder evitarlo y le eché un vistazo a Izzie que nos miraba divertida.

— Sí, solo un par de veces. Y siempre fue tu hermana quien me llamó así —respondí, señalando a acusadoramente a Izzie. Ella hizo una expresión de horror y ofensa, y le dediqué una mirada venenosa— Ahora responde mi pregunta —insistí. Ella suspiró profundamente como si acaso hubiese esperado haber sufrido más burlas.

— Claire e Izzie hicieron una maratón de Sailor Moon hace poco, y ahí conocí a Darien o Tuxedo Mask —respondió.

Me giré instantáneamente hacia Izzie. Ella se encogió de hombros, sin tener excusas para explicar por qué estaba viendo un anime de su infancia. Pero yo la conocía bien. Sabía que había ciertas cosas que la ponían de buen humor cuando estaba triste. Cosas que le recordaban sus buenos momentos. Aquellas pequeñas cosas que disfrutaba en su infancia.

Una vez, hace muchos años, ella había vuelvo a ver Los caballeros del zodiaco. Lo sé porque yo estaba con ella, y había sucedido luego de una crisis que tuvo. Estaba por ingresar a la universidad y estaba llena de obligaciones, no tenía tiempo para nada, y solo estudiaba para poder entrar. Los nervios y la presión la estaban arrastrando hacia la locura.

No era difícil imaginar qué situación era la que la llevó a eso. Y saber eso, creaba un nudo de culpa, enojo y angustia en mi estómago que no podía hacer desaparecer. Pero estaba intentando aplacarlo.

Torcí mis labios y toda la diversión se esfumó.

Izzie me sonrió suavemente. Una sonrisa cálida, de las que ella usaba para hacer sentir bien a las personas. Pero verla sonreír así no me resultaba suficiente para hacerme sentir bien. Necesitaba verla feliz, teniendo todo lo que merecía. Y el día que viese eso, ahí me sentiría bien conmigo mismo.

Porque Izzie era mi felicidad, y si ella no era feliz, yo no tenía nada.

— Bueno, mejor dejen de discutir y vayan a la mesa —comentó Izzie, alejándonos de ella con su mano.

Abbie y yo intentamos no vernos ofendidos, desplazándonos a través de la cocina hasta la mesa donde todo estaba ya listo. Abrí una botella de vino, y le eché un vistazo a Izzie sirviendo todo cuidadosamente.

Se sentía extraña aquella situación. Ella, Abbie y yo cenando en su casa como si fuese tan normal. Ya había sucedido antes, y cada vez se volvía más cómodo y rutinario. Había una sensación cálida que me rodeaba, y ahí me di cuenta que ese rutina no me disgustaba tanto como podía llegar a hacerlo. O sea, soy Darien Amell. El sujeto que odia la rutina, las restricciones de la organización y las cosas sumamente planeadas. Soy el que ama la espontaneidad y la libertad.

Pero no había nada de malo en ese cuadro. Solo que no me pertenecía.

— Creo que vamos a tener que brindar esta noche —comenté, poniendo mi mente en blanco y alejando las emociones negativas. Izzie me miró de reojo con una media sonrisa llena de encanto y soberbia—. Has ganado el caso, lo mínimo que mereces es un brindis —agregué con aire inocente.

Besos en el cuelloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora