Capítulo III: Los enemigos de tu mente

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- ¿Los enemigos de mi mente? – Preguntó Alicia - ¿Quiénes son?

- ¡Son las obligaciones que tanto te afligen! – explicó la Mariposa – Son las personas que te molestan, los lugares en los que no estás cómoda, los libros que lees por obligación, las cosas que reprimes en tu interior. ¿Tú no quieres ser una artista acaso?

- Sí. Pero no puedo.

- Sí puedes, la cuestión es que no debes; No tienes que desobedecer a tu familia – continúo – Y desobedecerla está mal, estoy de acuerdo, son quienes te dieron vida y te protegieron. No quiero que de un día para el otro ignores sus normas y reglamentos, lo que deseo es que cambien su forma de ver el arte, su manera de sentir la vida, la actitud con la que te miran cuando sueñas.

- ¿Todos los tienen? – dudó Alicia.

- Todos los que los quieren. Aquellas personas cobardes que no se atreven a soñar con el país de las maravillas. Son monstruos que comen sus sueños, son esos trabajos forzados que se alimenten de esperanzas, esas personas malvadas que carcomen tu paciencia.

- ¿Y cómo me deshago de ellos?

- ¡Soñando! Tú vives en un mundo de locos malvados y pesadillas reales, donde los sueños no existen. Ven al mundo que creaste a los ocho años, en donde todos somos desquiciados graciosos, tenemos metas, somos felices y los sueños viven en nosotros.

El discurso de la Mariposa Azul, era incomparablemente mejor que el de los "Inspiradores" que Alicia había escuchado en la secundaria o incluso en el Salón Magno de la universidad.

Las autoridades, los padres e incluso los amigos de Alicia intentaban que ella dejase de soñar.

<< ¡Que tonta fui! – Pensó Alicia – Al obedecer a esos tontos y al olvidar mis propios sueños para cumplir los de los demás>>

Antes de darse cuenta, estaba frente a una puerta enorme, de varios metros de alto y ancho, con un diseño rustico y anticuado, madera de roble bastante mohosa y rancia. Alicia sonrío inconscientemente, recordó que la primera vez que había llegado la puertecita era diminuta y no tenía guardias como ahora.

- ¿Qué los trae por aquí?– Preguntó un diminuto ratoncito que protegía la puerta.

- Queremos pasar al otro lado de la puerta, para poder ver a-

- ¡Oh, no, no, no, no! – rechazó el ratoncito - ¡No debes pasar por aquí nunca!

- Pero ¿Por qué?

- ¡Porque soy el guardia de esta puerta y yo lo digo!

- ¿Pero podemos hacer un trato equitativo? Yo te doy un poco de comida y tú me dejas espiar por el vidriecito – Dijo Alicia.

- ¡Piensas como adulta! – le gritó el ratoncito - ¡Un adulto tramposo!

- Piensa: ¿Cómo pensaría Alicia de ocho años?

Alicia cambió varias veces de posición. Se encorvó, se arrodilló, se sentó y luego se tumbó sobre el suelo para volver a levantarse llena de rabia por no haber pensado nada coherente.

- ¡No me importa lo que me digas, voy a pasar igual, soy más grande que tú y yo he creado este mundo! – tronó Alicia.

- ¡Exacto!¡Los niños son sinceros, no dicen cosas coherentes, no hacen tratos! Piensan en lo simple y necesario: ¡Que una rata no te deje pasar por una enorme puerta! ¿Dónde se ha visto eso? – vociferó el ratoncito y se enojó consigo mismo por haberse ofendido.

- A veces, las cosas que impiden que avances no requieren muchos cálculos matemáticos sino simplemente un pensamiento sincero – comentó la Mariposa Azul.

Tantos pensamientos jurídicos habían afectado tanto a Alicia, que olvidó que a veces no hacían faltas fórmulas ni reglamentos, sino simplemente la verdad. Alicia soltó una risita.

- ¿Qué le sucede? – preguntó el ratoncito.

- Quién sabe – contestó la Mariposa Azul.

- Están llevándome a mis felices principios, en donde no tenía que mentir, ni fingir, ni hacer tratos. He retrocedido a mi niñez sabia, cuando veía que había una piedra en el camino y simplemente saltaba sobre ella. ¡Que tonta soy! He estado hablando con aquella roca, preguntándole, intentando hacer tratos con ella, tomándole las medidas.

- Yo realmente me encuentro feliz de que empieces a entender, que un adulto siempre puede ser un niño – dijo la Mariposa Azul, fumando de su pipa y creando una sonrisa de humo - Pero no comprendo del todo, que tiene eso de raro.

- Es que... Es que, cuando todos habían intentado arrebatarme el alma, ustedes lograron traerla de vuelta – continúo diciendo Alicia.

- Así como te han arrebatado el alma, tú nos arrebataste las maravillas... Espero, no te sorprendas cuando veas que es una pesadilla...


Alicia en el país de las pesadillas.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora