"Pero tú, tú tienes unas ruinas preciosas; y yo, yo lo único que tengo es miedo de que me gusten tanto como tu coliseo. De izar bandera y montar campamento allí, mientras convivo con tus leones." Cerré el cuaderno de golpe y lo escondí debajo de la almohada al oír la puerta de mi habitación abrirse, debería estar estudiando la recuperación de física y química que tenía la semana que viene y sabía que mi madre iba a soltarme la charla de "Anna tienes que estudiar y pensar en tu futuro." Estaba harta de oír esa frase una y mil veces, parece que sólo se acuerda de mi para recordarme que tengo que estudiar y ser una gran mujer como fue mi abuela y como es ella.
Mi madre es una mujer de estatura media, pelo largo, negro y muy liso, ojos grandes y verdes, con una línea negra muy fina dibujada perfectamente sobre su párpado superior desde que tengo uso de razón. Es muy dulce y su voz suena siempre tranquila y sincera. Además es una gran abogada en un enorme bufet de la ciudad, trabajaba mucho y no pagó nada de la carrera porque todos sus estudios fueron becas subvencionadas por el estado, lo que intenta es que yo sea como ella; lo que no entiendo es como pudo casarse con mi padre, un hombre alto con el pelo largo, pelirrojo y ondulado, ojos azules y una barba del mismo tono naranja en la cara. Es alegre, sonriente y muy extrovertido, lo que más destacaría de él es su empatía, y su sonrisa. Es pintor, dibuja increíblemente bien y tiene una gran imaginación, trabaja en casa y por encargo, aunque de vez en cuando hace exposiciones. No le va mal, pero tampoco le va tan bien como él quisiera. Se conocieron en una de las exposiciones de papá y fue amor a primera vista, mamá estaba acabando la carrera y papá acababa de empezar a pintar, desde entonces vivieron mil aventuras que siempre me cuentan juntos.
Me alivió ver que era papá, venía a ver si ya había escrito mi micro cuento diario, que el ya había terminado su caricatura. Es algo que habíamos empezado el día uno de enero, él dibujaba y yo escribía, luego los cambiábamos y los puntuábamos, los que más nos gustaban los poníamos en un cuaderno, y luego los escribíamos o dibujábamos en una pared blanca en la buhardilla. Era un bonito ritual.
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Ruinas
Teen FictionLa vida de Anna, una chica de diecisiete años, era como la de cualquier chica de su edad, pero Anna era distinta, puede ser por el reconocimiento de su padre como artista, o por el puesto serio e importante de su madre en la ciudad. No tenía muy cla...