Mis padres acababan de coger el coche rumbo a una nueva vida, no se iban demasiado lejos por lo que podríamos vernos con relativa frecuencia. Yo estaba parada en la puerta de la Escuela Hackett, lo que me producía bastantes emociones a la vez. Notaba como si mi cuerpo fuese a colisionar contra un gran muro de piedra nada más dar el primer paso. Por fin me decidí a entrar y caminé con paso firme por el gran camino de tierra que llevaba a los jardines. Sentada en el césped vi a la misma chica del flequillo que vi el día que me enseñaron el instituto, estaba con otra chica que parecía ir siempre con ella. Cuando llegué a la puerta me encontré con la directora, una mujer de unos cuarenta y pocos, con un tono de pelo bastante característico y los ojos grandes y verdes. Me dio una nueva vuelta por todo el instituto para aclararme un poco donde estaba cada clase y luego me enseñó las habitaciones.
-Compartirás cuarto con Julietta, es una chica italiana que llegó a España hace unos cinco años, te hará todo esto mucho más fácil, ya lo verás. La habitación es la última del pasillo. ¡Disfruta!
-Muchas gracias.
Me quedé parada de nuevo en el comienzo de aquel pasillo, pero no por mucho tiempo, a medida que me iba acercando a mi habitación aumentaba el volumen de unos ruidos lo suficientemente característicos como para saber lo que estaba pasando allí dentro pero una especie de impulso abrió la puerta de mi habitación. La cara de él fue un cuadro, y el grito de ella debió oírse desde la entrada de la escuela.
-Perdón, perdón, perdón.
No pude evitar ponerme roja como un tomate y esconderme detrás del pelo.
-Hola, ¿Anna?
Estaba tapada con una almohada riéndose de la extraña situación.
-Sí, Julietta, supongo.
-Esa soy yo, este es Ian, mi novio.
-Encantada.
-Te daría dos besos, pero no es el mejor momento.
-No, no te preocupes. Ian, ¿no?
-Sí, Anna.
Les dejé vestirse mientras esperaba fuera de nuevo. Estaba apoyada en la pared con las maletas a mis laterales y vi a la chica del flequillo entrar en la tercera puerta, de repente se abrió la puerta y salió Ian con el pelo negro totalmente alborotado mientras se abrochaba el cinturón.
Entré en la habitación y vi a Julietta cambiar las sábanas de su cama y hacer la mía.
-Me puedes llamar Juls, si quieres.
-Perfecto, a mi mis amigos me llaman Ann.
Era muy guapa y la clase de personas que sabes que va a estar ahí, te va a apoyar y podrás contar con ella.
-Vine aquí hace años para estudiar, pensé que sería una buena forma de cambiar de aires radicalmente.
-Yo estoy aquí porque ascendieron a mi madre en el trabajo. Es abogada. Y al irse a una ciudad más grande mi padre podría exponer mucho más.
-¿Tu padre pinta?
-Sí, es Álvaro García.
-¿Álvaro García es tu padre?
Al decirlo se le iluminaron los ojos y abrió mucho la boca.
-Sí, es mi padre, y sí, Sofía Marín es mi madre.
-¡Qué fuerte!
-Bueno, da igual quienes sean mis padres, ¿qué hacen los tuyos?
-Los míos viven en Italia, mi padre tiene un restaurante y mi madre es diseñadora de moda. Viven allí con mi hermana Rossi. Hay veces que les echo de menos pero siempre que puedo voy a visitarles o vienen ellos aquí.
-Entonces no se hace tan duro.
-Exacto, y aunque se hiciese duro, yo elegí irme.
-Y bueno, ¿me cuentas algo de ese sitio?
-Claro, al ser un centro relacionado con lo artístico hay miles de optativas diferentes.
-¿Cómo? Mi madre me dijo que era un colegio muy estricto de ciencias y letras.
-Te mintió. Por lo que me han dicho tú vienes por la música y la escritura, yo estoy por los libros y su historia, seguro que coincidimos en alguna asignatura. Haciendo memoria no tienes unos profesores demasiado horribles, pero siempre hay una excepción, en este caso es la de Historia de la música.
Cuando empezó a contarme algo que pasó en una clase empezó a sonar mi móvil, cuando lo cogí y me di cuenta de lo que ponía en la pantalla me senté en la cama y lo dejé caer.
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Ruinas
Teen FictionLa vida de Anna, una chica de diecisiete años, era como la de cualquier chica de su edad, pero Anna era distinta, puede ser por el reconocimiento de su padre como artista, o por el puesto serio e importante de su madre en la ciudad. No tenía muy cla...