-¿Qué pasa?¿Estás bien?
Oía a Julietta hablar, pero no era capaz de articular una palabra, notaba que me temblaban las piernas y tenía la voz quebrada, era un mensaje de mi hermano, le llamé y me cogió el teléfono una chica desconocida.
-¿Samu?
-No, no soy Samu, ¿eres Anna?
-Sí
-¿Estás con más gente?
-Sí
-Vale, bien, ahor...
-¿Dónde está mi hermano?
-Ha tenido un accidente de tráfico, iba con la moto, un coche se saltó un stop y se lo llevó por delante, está inconsciente en el hospital de la ciudad.
Me quedé totalmente paralizada y no dije una palabra. Veía como Juls me miraba preocupada, esperando una señal o una respuesta a aquel suceso extraño que tan perturbador parecía.
La mujer me colgó después de hablar un par de minutos más, justo entonces me dirigí a mi compañera.
-Mi hermano ha tenido un accidente y está inconsciente. Voy a ir al hospital ahora, ¿qué línea de metro me lleva antes?
-¿!Cómo que metro!? Yo te llevo, que vamos a tardar mucho menos y puedo salir cuando quiera de aquí.
No me negué, la conocía de un día y me parecía que llevábamos años siendo amigas.
En diez minutos estábamos allí, buscamos sin parar la habitación de Samuel. Cuando por fin la encontramos entré y, sin sorpresa, mis padres no estaban. Se fue muy pronto de casa y siempre hubo una relación "tensa" entre ellos. Entré sola, porque Juls decía que eran "cosas de familia". Al verle así no pude evitar llorar, sin hacer nada más. Notaba como mi cuerpo era invadido por una oleada de escalofríos y sudor helado. Me senté a su lado y le cogí la mano. Empecé a contarle historias de cuando éramos unos niños y no paseábamos de discutir y pegarnos por todo, sin esperar ninguna respuesta por su parte.
Después de un rato oí como se abría una puerta justo a mi espalda y una voz que me resultaba realmente familiar.
-Te has olvidado de cuando le presentaste a tu nuevo novio al cual casi mata cuando conoció porque decía que nadie estaba a la altura de su hermanita.
-Mark...
Sus ojos grises se clavaron sobre mi, mirándome como antes, haciéndome sentir diferente, especial.
Me levanté de la silla y me di media vuelta, mirándole, no dije nada, pero lo supo todo.
-Sigues siendo igual de fea.
-Y tú sigues siendo igual de imbécil.
Seguimos mirándonos, estaba totalmente absorta en sus ojos, y cuando me quise dar cuenta, me besó. Tenía las manos en su cuello y él las suyas en mi cintura, la verdad es que le echaba de menos.
Oímos una tos bastante fingida.
-Annita, tenemos que irnos.
Era Julietta, nos separamos y la miré poniéndome totalmente roja.
-Me han llamado de la escuela, tenemos que irnos.
-¿Escuela?¿Y tú casa?¿Tus padres?
-Estoy en la escuela Hackett, mis padres se han mudado. Te llamaré en cuanto pueda.
-Me voy a quedar aquí a dormir, si pasa algo o hay alguna novedad te llamaré, Ann.
Nos fuimos del hospital y cuando llegamos a la escuela me dejé caer sobre la cama, pensando en lo que había pasado. Antes de hablar con Julietta llamé a Alex y le conté lo que había pasado, quedamos en que mañana vendría a verme.
-Bueno, bueno, ¿quién era ese?
-Mi ex, estuvimos juntos hace unos meses.
-¿Y qué pasó?
-Le puse los cuernos.
-¿Algún amigo?
-Su hermano.
-¡Pero Anna!
-Su hermano, que estaba saliendo con mi mejor amiga.
-¡Anna!
-Yo no lo sabía, no venían a nuestro colegio, y nunca me dijo que tuviese un hermano. Además Eiden no llevaba mucho más de dos semanas con Alex.
-Vete a la cama, que ha sido un día muy duro.
No tardé mucho en quedarme dormida, mañana sería un día nuevo y podría aclarar las ideas.
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Ruinas
Ficção AdolescenteLa vida de Anna, una chica de diecisiete años, era como la de cualquier chica de su edad, pero Anna era distinta, puede ser por el reconocimiento de su padre como artista, o por el puesto serio e importante de su madre en la ciudad. No tenía muy cla...