-¿Qué? Por favor, mamá, dímelo ya.
-Me han ascendido.
-Eso no es nada malo, ¿por qué tanto drama?
-Porque lo he aceptado y el puesto es fuera de la ciudad.
Me quedé bastante impactada, no me esperaba para nada que esa fuese la noticia, estaba claro que no iba a poder irme a mi cuarto a dormir.
-¿Cómo fuera de la ciudad?
-Joder, Anna, que nos mudamos.
-No.
-¿Cómo qué no?
-Que no, mamá, que yo no me voy a ningún sitio.
-Esperaba que dijeses algo así, por lo que tengo que hacerte una propuesta.
No sabía si la propuesta iba a solucionar un poco aquel barullo que había en mi cabeza pero noté como me escurría poco a poco por el sillón de terciopelo.
-A ver, Ann, hay un instituto aquí donde puedes quedarte interna sin restricciones porque todo sería bajo nuestra aprobación. No está lejos del centro y podrías salir cuando quisieras. Tienes que darme a respuesta antes de mañana, cariño. Pasado mañana se cierra el plazo.
Dudé un par de segundos hasta que por fin pude decir algo.
-Mmm... vale, déjame hasta mañana por la mañana.
-Está bien.
Me levanté sin hacer mucho esfuerzo, me coloqué el pelo y subí las escaleras en silencio, absorta totalmente en mis pensamientos, como si nadie me hubiese dicho nada. Cuando llegué a mi cuarto cerré la puerta y me tumbé en la cama aprovechando la luz mañanera de la ventana. No bajé a comer y durante todo el día no salí de mi habitación.
Por la noche me llamó Alex y le conté todo lo que había pasado ese día en el que solo había escrito, pintado, fumado y tocado algún instrumento barato de los que tenía en la habitación. Su reacción no fue tan dramática como me la esperaba, y la verdad es que por primera vez en mucho tiempo sentía que su consejo no me iba a servir de mucho.
Después de estar toda la noche dando vueltas por la habitación y rodando por la cama había decidido que ahora mismo no estaba preparada para irme, no podía dejar aquí a Alex y al resto así que cuando noté que mi madre se despertó fui a decirle que no me iba. La expresión de su rostro me dejó claro que esa no era la respuesta que esperaba pero aún así lo entendió y aceptó.
Esa tarde fuimos a ver el internado, era inmenso, nada más entrar había un camino de tierra con piedras blancas dibujando su silueta, en los laterales había grandes árboles y al acabar estos encontrabas un inmenso jardín cubierto de un césped verde y perfectamente cuidado. Al fondo se veía el gran edificio amarillo, con unas veinte escaleras para llegar a la puerta principal, de un color granate con pequeños adornos en negro. Dentro había un recibidor con el suelo tan limpio que parecía un espejo, las paredes eran blancas y había diferentes fotos de temas variados, cuadros y alguna frase motivadora. Las clases eran amplias y bastante modernas, con un ordenado para cada alumno. Tuve suerte porque solo hay gente de mi edad en todo el centro, es un nuevo programa con un nombre típico de canciller alemán impronunciable. Las habitaciones estaban en la planta de arriba distribuidas en dos pasillos, uno para chicas y otro para chicos. La verdad es que el sitio me encantó, y me gustó aún más al ver la sala de música y saber que podría llevar alguno de mis bajos o guitarras para disfrutarlas allí.
Cuando salimos vi a una chica alta, castaña, con los ojos pequeños y marrones pintados ligeramente con una raya negra. Era muy guapa y tenía al lado a un chico alto y moreno, totalmente de negro, me llamó mucho la atención. También una chica en el pasillo de las habitaciones, esta era bastante más baja, con flequillo, y el pelo suelto por delante.
-Bueno, ¿qué te ha parecido?
-Buah, mamá, es una pasada, no me lo esperaba así.
-¿Ah no? ¿Y cómo te lo esperabas entonces?
-Como en las películas, viejo, nada actualizado y con una entrada que dejase bastante que desear.
-Viniendo de ti no es algo que me extrañe demasiado.
Hacía mucho tiempo que no estaba tan bien con mi madre.
-Mamá.
-Dime, Anna.
-Te quiero.
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Ruinas
Teen FictionLa vida de Anna, una chica de diecisiete años, era como la de cualquier chica de su edad, pero Anna era distinta, puede ser por el reconocimiento de su padre como artista, o por el puesto serio e importante de su madre en la ciudad. No tenía muy cla...