Capítulo 2

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La mañana llega más pronto de lo que imagino. He sobrevivido a mi primer día en Beast.

Cuando me levanto aún es muy temprano, pero ya comienzo a sentir el mareo de estar acostado y no tengo sueño a pesar de que sé que no he dormido mucho. Además mi cuerpo me pide desesperadamente comida, no estoy seguro de cuándo fue la última vez que comí. No recuerdo haber comido en ningún momento desde que llegué.

Estiro la mano y toco por costumbre la foto con mi mamá puesta al lado de la cama, ni siquiera eso me hace sentir como en casa. Me saco las cobijas de encima y de inmediato siento el terrible frío matinal que me quema la piel desnuda de los brazos. Y me doy cuenta de la razón al voltear al frente y ver el cielo gris: la ventana está abierta y sigue igual de nublado. Ayer la abrí y olvidé cerrarla, pero sé que esta vez no lo olvidaré. Te todas formas no sé cómo puede hacer tanto frio si el verano está empezando. Beast, pueblo loco.

Salgo de la cama y busco entre mis maletas sin desempacar algo con mangas y me lo pongo.

Cuando bajo mi papá está en la cocina.

–El desayuno está listo –me dice al verme.

Vaya, me habla otra vez. Pero estoy agradecido porque de verdad, de verdad, tengo hambre.

Me siento en una de las destartaladas sillas frente a la mesa que está en una esquina de la cocina. Mi padre me pone un plato en frente y se sienta en la otra silla. Comemos en silencio, con solo el ruido del tenedor raspando el plato de vez en cuando. Está muy rico y pronto devoro todo lo que tengo en frente. Me levanto y llevo mi plato al fregadero. Tomo un vaso y me animo a llenarlo de agua pero en cuanto la pruebo ahí está de nuevo ese sabor y no pudo beberla aunque tengo sed. Al final solo le doy dos tragos.

El resto de la mañana pasa muy lento porque no hay nada que hacer, ni nada que ver... simplemente nada. Me encierro en mi cuarto porque siento que mi presencia le incomoda a mi papá, ¿o será al revés? Como sea, me quedo aquí, acostado en la cama mientras intento pasar ese nivel de Candy Crush en el que estoy atorado. Mierda, está difícil.

No es hasta las once en punto que tomo una ducha y me visto. Esta vez trato de ponerme algo más formal... o tanto como lo son mis camisetas sin dibujos.

Cuando salgo de la casa mi papá está regando las hortensias. Ambos nos detenemos al vernos.

– ¿Te vas? –pregunta.

–Sí.

Él asiente y otra vez siento que está a punto de llorar. No sé qué decir, ni qué hacer porque la verdad no tengo ni idea de qué le pasa.

Paso por un lado de él sin saber en qué está pensando.

–Adiós –dice–. Te quiero.

No digo nada y sigo caminando. Está loco.

De camino no dejo de tratar de interpretar o darle algo de sentido a las palabras de mi padre. Primero no puede ni hablarme, me ignora, de la nada me vuelve a hablar como si nada, me vuelve a ignorar y ahora me dice que me quiere. Su actitud me confunde y realmente me pregunto si está todo bien en su cabeza.

Como voy absorto en mis pensamientos no caigo en cuanta, hasta que estoy frente a la hermosa Midnight Sun, lo que voy a hacer. Mi primer día, todo empieza hoy. La emoción que me había negado a sentir sale a flote mezclada con ansiedad e incertidumbre. Me pregunto qué tendrá preparado el señor Yoon, los tirones en mi estómago me avisan que estoy nervioso.

Midnight SunDonde viven las historias. Descúbrelo ahora