tearing love apart

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Han pasado 47 días desde que terminó el invierno. Lo curioso es que han pasado 48 días desde la última vez que te vi. Y podría decir que te veías terriblemente mal con esa dama del brazo y tu chaqueta de cuero negra colgada con gracia sobre tus hombros tan hartos de cargar las mochilas de otros. Pero no puedo. Te ves preciosa sin siquiera intentarlo. Siempre ha sido así.

Desde el fondo de mi corazón deseo que te vuelvas horrible de alguna manera. Que tu sedoso cabello comience a caerse y que tus ojos pierdan la luz. Quiero que tus pecas se caigan una a una sobre mi taza para poder usarlas como endulzante del té que menos te gusta. Ojalá que se te pudran los tatuajes, porque quiero que luzcas como un cadáver y que me causes rechazo aunque aun así, te amaría.

Pero lo peor de la condena que es amarte es que jamás fue pedida. Yo nunca me hubiese enamorado de ti. Porque no sé si lo recordarás, ni siquiera sé si estoy todavía en tu mente, pero tú fuiste quien vino por mí. 

Me conquistaste tan lentamente, como en un sueño. Primero te acercaste, con esa actitud tierna y comprensiva que no compré por un segundo. Y luego todo fue el típico acto de novela. 

Yo, tratando de llenar los agujeros dentro tuyo, todos esos que dejó cada persona que pasó por tu vida sin cuidado.

Y tú, que no parecías necesitar hacer nada más para tenerme que desearme con la suficiente fuerza.

¿Por qué eres tan huracán? Podría decir 'eras', pero me gusta suponer que todavía eres así, que si yo no pude cambiarte, nadie podrá.

Que sigues maltratando a todos los que se te acercan, menospreciando cada gesto que realizan para agasajarte. 

Hasta mi indiferencia te dolía, pero mi preocupación por ti te molestaba.

"Me sofocas" decías.

"Te quiero" contestaba yo.

Si te soy sincera, no sé qué es lo que querías. No sé qué esperabas de mí. No sé qué esperas de las mujeres con las que probablemente andas ahora, y no sé qué deseas probarte. A ti misma o al mundo, o a aquel que te dijo que no valías lo suficiente y te transformó en esta bola destructora y autodestructiva de inseguridad.

¿Por qué atraes personas como un imán? ¿Solo por el placer de alejarlas como a polos opuestos? ¿Por la gloria de verlas pudrirse? 

Vas por ahí sin preocupaciones, porque claro ¿qué te importaría a ti cuántas pestañas he gastado a lo largo de este mes deseando jamás haberte conocido? A veces incluso deseo haberte conocido un poco más; lo suficiente para comprender qué decía esa incógnita que cargas por mirada.

Ojalá todas las margaritas que deshojé con tu nombre me hubiesen dicho que no me querías.

Pero no lo hicieron.

Ni ellas, ni nadie.

Nadie me advirtió cuando me miraste fijo en aquella rivera que me enamoraría de un loca, que camina por la calle con las manos apretadas en los bolsillos, tirándole besos al viento y esperando obtener respuestas y no cachetadas, destrozando el amor como si de migajas se tratara.

Nadie me aviso que enamorarse de ti no sería mi peor equivocación, si no el acierto más largo y repleto de lágrimas que cometería en mi paso por la Tierra.

Dacrifilia, (Concurso: UCAMA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora