En mi desesperación por arrancarme el recuerdo de Serena, caminé sin rumbo 7 días.
Borracho 6 de ellos, durmiendo bajo puentes y frecuentando distintos bares, completamente sumido en mis pensamientos.
Fue una de esas noches cuando decidí tomar una medida extrema, hacer lo que hace tiempo prometí dejar: desobedecer.
El séptimo día, energizado por mi iniciativa y la ansiedad provocada por la misma, caminé, corrí y por poco no volé hacía el café al que ella me había llevado.
Llegado a destino, me pegue al vidrio recuperando el aliento. Y, como si los sueños verdaderamente se hicieran realidad, al levantar la cabeza vi un par de ojos. Ese par de ojos.
Su mirada resignada y la mía vulnerable, pidiendo por favor,rogando.
Era mi séptimo día, el del descanso, el domingo de mi búsqueda. Necesitaba paz y había una forma de conseguirla.
Como si supiera lo que la extrañé terminó conmigo como era usual.
Había extrañado el olor a perfume mezclado con transpiración, el maquillaje negro bajo sus ojos y su boca irresistible y suave. Su boca de fresa.
Y su piel. Un sinfín de sorpresas y aventuras en cada lunar, una ola eléctrica en cada caricia, seda bajo mis dedos, sonrisas en mi boca y el alma rebasando.
Besos de arriba abajo, cálidos como si nunca hubiéramos parado, las manos enredadas como si fueran inseparables.
El placer de siempre, aumentado por la alegría indescriptible de volver a tenerla cerca y de sentir que había ganado la batalla.
A la mañana siguiente me desperté solo. Como si mi Serena en mi cama hubiera sido el más hermoso de los sueños.
Un sueño puede ser pesadilla. Cuando el sueño es increíble, la vuelta a la realidad es de los peores golpes.
Pero esta fue una guerra entre realidades. Porque ayer la tuve en mi abrazo y hoy la tengo lejos. Porque ambas fueron realidad, pero lo que es incierto es que realidad predominará a partir de ahora.
-Aqua James
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Vodka con fresas
RomansaUna historia de amor ciego y tormentoso entre polos opuestos .
