6: Coincidencias

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Lo mío con Bianca jamás pudo haber funcionado, pero en momentos tan oscuros como el que pasábamos, nos permitimos creerlo brevemente. Lo creímos hasta que la cruda realidad nos golpeó en el rostro.

—¿Esto es correcto? —me preguntó Bianca apretando mi mano y voltee a verla, usaba su sudadera gigante y sus jeans flojos manchados de tierra.

—¿Qué importa lo que es correcto? —pregunté de mal humor en respuesta, usaba una sudadera puesta ese día, con el gorro puesto y un short deportivo de color negro, no era ropa que frecuentaba pero en ese momento sentí que era lo que debía usar.

Ambas caminabamos tomadas de la mano por la banqueta en camino a una tienda. Bianca quería de esas paletas heladas color azul con un supuesto sabor a chicle que vendían en la única tienda que no se había ido a la bancarrota gracias a las tiendas de autoservicio que invadieron la colonia. Yo ofrecí acompañarla para hacernos compañia mutua, cosa que ponía especialmente paranoica a Bianca.

—Pero Valeria es nuestra amiga —respondió Bianca frunciendo el ceño y me detuve frente la tienda para verla con aburrimiento.

Yo sabía perfectamente lo que Valeria había estado haciendo en los últimos días. Sabía que después que sus padres la recogieron del hospital, ella se había negado a salir de su habitación y ver a cualquier persona. Cualquiera excepto Steven, por alguna razón tonta. Todas las tardes, veía a Steven regresar de la escuela para cambiarse rápido de ropa e ir a la casa de Valeria, donde solo ellos deben estar sabiendo que hacían. A lo que pude averiguar hablando con su padre, ella parecía de mejor humor desde que él la visitaba, aunque tampoco lo suficientemente bueno como para querer verme. Había estado omitiendo toda esa información de Bianca, sabiendo el humor que le traería saber que Steven puede ver a Valeria cuando ella no recibe ni una contestación de mensaje, pero tampoco es que había podido ocultar mi indiferencia hacia nuestra pelirroja amiga.

—Ella volverá cuando esté lista —respondo viéndola y le doy un beso en los labios—. Cuando eso suceda, tú sabrás que hacer.

Entré a la tienda, sin esperar una respuesta de Bianca. En mi bolsillo apretaba la carta que ella le había escrito esta misma mañana, como era de costumbre, pidiéndole que regresara a ella. Cosa que me hacía rabiar por razones que no podía entender, solo sabía que estaba harta de oír a Bianca lloriquear por Valeria todo el día, todo mientras me tenía a mí, a lado suyo en todo sentido. Mientras había usado a Bianca para aliviar mi soledad, solo me sentía más lejana a todo lo demás.

Pagué las paletas para ambas, tomandolas con la mano molesta, solo para salir de la tienda con la frente en alto cuando ví una escena que se volvería un secreto que enterraría conmigo. Desde la entrada, veía a Bianca y Valeria discutir fuertemente, detrás de la pelirroja, se encontraba Steven que parecía buscar a alguien con la mirada.

No escuché lo que decían, porque no me quería acercar demasiado, en un temor que Valeria me viese. Solo presenciaba como ambas parecían heridas por algo, reclamandose una a la otra. Valeria se veía más delgada que de costumbre, con grandes ojeras debajo de sus ojos, usaba un suéter gigantesco y una falda larga de mezclilla, que le llegaba al suelo, muy distinto a lo que solía usar, era como si la amiga con la que crecí estuviera perdiendo su brillo frente a mis ojos.

Mirando en retrospectiva, me siento boba por estar viendo a Valeria asustada de que ella notase mi presencia, lo cual supe, después gracias a Bianca, no lo había hecho. No debí haber estado preocupada por la pelirroja, debí haber visto a Bianca con más atención, debí poder haber visto lo que pasaba en su mente en esos momentos, tal vez eso nos habría ahorrado tanto sufrimiento a todos ahora.

Querida Valeria Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora