4: Tonto

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Steven era un tonto. Era el mantra bajo el que me criaba a su lado, Steven era un tonto, nunca sacaba buenas calificaciones y su lógica era tan estúpida que a veces creía que era a propósito. Steven siempre fue un tonto pero, gracias a Dios, nunca fue un imbécil.

Incluso cuando lo ví agarrándose a golpes a un sujeto mientras otros trataban de quitarlo de encima mientras gritaban que se detuviera, ver el celular destrozado en el suelo y a Valeria yaciendo en una cama donde sus bragas reposaban en sus tobillos, su falda parecía arrugada y amontonada sobre su entrepierna, ella respiraba con dificultad y sin dejar de temblar. Incluso viendo toda esa horrible escena, no dejaba de pensar en que Steven era tonto, pero jamás un imbécil.

—Hombre, déjalo, por la paz —le dijo un chico y Steven detuvo sus golpes.

Como si sintiera mi presencia, él levantó la vista hacia mí. Mirándome a los ojos, se veía alterado, suplicante, furioso. La persona que estaba en el suelo era el mismo chico que había invitado a Valeria a la fiesta, el mismo que estaba con ella hace rato ofreciéndole bebidas. En la mirada de Steven encontré un mensaje encriptado que me aseguraba que lo que yo ya sabía y no me dejaba de decir “Steven era tonto, pero jamás un imbécil”.

El chico golpeado en el suelo, fue levantado con la ayuda de varios que habían intentado detener la pelea. Mucha gente murmuraba pero nadie hacía nada, nadie llamaba nada, incluso cuando el panorama era más claro, pude ver como muchos decidieron darle la espalda a lo sucedido. Como muchos se irían a casa ese día a tratar de decirse que esto no había sucedido, como otros irían a casa para esparcir rumores, como cada quién inventaría su versión de la historia pero nadie sabría que pasó allí, nadie nunca sabría la verdadera historia.

Nadie sabría el héroe tonto que Steven había sido, nadie sabría que había pasado con Valeria y porque había estado inmóvil todo el tiempo. Nadie sabría nada realmente, solo se dejarían llevar por los gritos de Bianca que solo nos terminaron de hundir.

—Aléjate de ella —le dijo Bianca caminando hacia él furiosa.

—Bianca —inició Steven, recuerdo que tiempo después de eso, él me contó que no sabía que decir. Que estaba aterrado de la mirada de Bianca y que no quería quedar mal ante la situación comprometedora en la que se encontraban, cosa que no habría tenido demasiado éxito.

—Eres un maldito enfermo —le dijo Bianca con lágrimas en los ojos mientras empujaba a mi amigo—. No tienes derecho de tocarle, ¡aléjate!

—Yo no —inició de nuevo pero Bianca solo lo empujaba con furia en sus manos.

—Te he dicho que te vayas, la próxima vez que te le acerques, te juro que te mataré —le repetía Bianca con ira mientras lo empujaba, Steven se veía afectado y yo no pude decir nada.

Me quedé callada viendo como Bianca trataba de echar a golpes a mi vecino, a mi tonto vecino, Valeria tenía la mirada perdida y movía la cabeza a los lados. Como si la pelea y los gritos de Bianca por fin la empezaran a afectar. Me acerqué a ella, la cual tenía su blusa desabrochada, tenía algunas marcas rojas que se volverían moradas, producto de mordidas, sus ojos estaban rojos y no brillaban, como si el brillo avellana de sus ojos se hubiese extinguido.

—¡Lárgate! —gritaba Bianca pero Steven no la veía, veía a Valeria, la cual movía la cabeza y emitía sonidos.

—Steven —dijo finalmente Valeria de forma clara mientras movía la mano—. Steven.

Ignorando los golpes furiosos de Bianca y su llanto de histeria, Steven se acercó a Valeria, la cual cada vez parecía más perdida pero se aferraba a él, a la manga de su chaqueta. Valeria emitía sonidos pero ninguno se entendía, solo el nombre de Steven.

—Estoy aquí —le dijo Steven y Valeria vomitó.

Era una escena grotesca, Valeria no tenía nada de su brillo, de su belleza, como si muriese frente a mí. Bianca había dejado de gritar, miraba la escena aterrada, miró en silencio como Steven la volteó para que la pelirroja no se ahogara. Como acomodó la manta para cubrir todo su cuerpo, tan delgado, tan débil, tan vulnerable. Como la cargó fuera de esa habitación infernal, mientras Bianca parecía salir del shock para reclamar nuevamente.

—La llevaré al hospital, quieras o no —le dijo Steven mientras Valeria empiezan a a sollozar en los brazos de mi vecino.

Steven pasó entre la gente sin importarle nada, sin escuchar los murmuros a su alrededor, sin dejar que nadie se acercara. Bianca, detrás de mí, miraba horrorizada donde habían estado, tratando de comprender lo que estaba sucediendo.

Y yo no hice nada.

Me quedé en la orilla de la puerta infernal, con una mano en mi pecho, tratando de procesar lo que había sucedido. Tratando de tranquilizarme y preguntarme si este era un castigo, un castigo por nuestra osadía, por nuestras mentiras, por jugar con fuego en medio de hierbas secas. En esos momentos, cerraba los ojos tratando de salir de esa pesadilla, sin saber que solo había comenzado y que no había escapatoria.

Querida Valeria Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora