Recuerdo vagamente estar en un taxi con Noh. Tiene sus brazos a mí alrededor mientras mi cabeza se balancea sobre su hombro.
-Por favor, solo vayamos a ver al médico –ruega y solo logro sacudir mi cabeza. Ya lo he molestado tanto, no puedo soportarlo. Aunque, estoy feliz de que esté aquí conmigo. Él continua dándome agua de una botella, como si fuese un bebé.
-No te preocupes, estaré bien, solo necesito descanso.
Aunque continúa agitado, sus piernas siguen moviéndose, mientras apresura al taxista para que acelere. Probablemente no se da cuenta, pero está apretándome con fuerza contra su cuerpo, como si quisiera asegurarme que está allí. Esto viene de un chico que casi me golpea cuando traté de sentarme cerca suyo en el sillón, hace solo unas noches atrás.
Que tan lejos hemos avanzado desde entonces.
-Siento tener que molestarte. –Digo.
-¿Qué molestia? Yo solo iba pasando por allí –Responde él. Asiento. Vaya coincidencia entonces, aunque tenía mis sospechas.
El taxi se detiene frente a una casa de rejas azules que me resulta familiar. ¿Me ha traído a su casa?
-No es tan elegante como tu casa, pero espero que puedas dormir aquí –dice sarcásticamente. Estoy demasiado débil para darle una respuesta inteligente así que solo río. En este punto podría dormir en el medio de la Carretera Sukhumvit sin que me importase.
Me ayuda a entrar en la casa, y trato de enderezarme y lucir lo mejor posible mientras conozco a sus padres. Los saludo temblorosamente e intento un débil wai*.
-¿Qué pasa con tu amigo? –pregunta su madre, su rostro lleno de preocupación, un reflejo del de su hijo.
-Este es mi amigo. Está muy enfermo para volver a su casa. ¿Puede pasar la noche aquí?
-De prisa, llévalo arriba para que pueda recostarse. Le traeré algunas medicinas. –Dice ella sin dudarlo. Tartamudeo mi agradecimiento mientras Noh me lleva apresuradamente arriba. Hago una nota mental para agradecerle a sus padres apropiadamente mañana.
-Duerme aquí. Siento que la cama no sea tan grande como la tuya. –Me ayuda a meterme a su cama, donde me recuesto agradecido. Para mí, ahora es la mejor cama del mundo. Le agradezco mientras me cubro con el edredón. Ahora puedo sentir la fiebre y los escalofríos volviendo con toda intensidad.
Me duermo casi de inmediato, pero Noh interrumpe mi sueño de belleza.
-Phun. Phun. ¡Phun! Despierta y toma la medicina primero. –Tomo la píldora y trago con avidez el agua antes de recostarme en su cama de nuevo.
-¿Quieres limpiarte primero? Dormirás incómodo así. Te ayudaré.
Qué demonios, Noh. Déjame dormir, joder. Me empuja hacia arriba y quita mi camisa con mucha dificultad. Le dejo hacer lo que quiera, está muy lejos de importarme ahora mismo.
