3- Turned three sevens into three sixes again

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Los seres humanos reaccionamos ante las situaciones limites de modo diferente; algunos sucumben a la histeria, otros mantienen la calma, algunos ni se enteran. Pero sencillamente hay situaciones que nos superan. Y nadie nos prepara para ellas. Así como los medicos no pueden evitar sentir que fallaron cuando pierden a un paciente; o los solados que viven abrazados por el miedo de morir en la guerra; nadie nos prepara para algunas situaciones.

Por eso, cuando escuche ese estruendo en la sala comun, baje trotando las escaleras con mi varita en la mano; el fuego de la chimenea casi extinto, alumbraba penosamente la estancia, conjuré un lumus; y el aire se me atoró en la garganta.

En el suelo, entre los dos sillones que llenan la habitación, alumbrado tenuemente por la chimenea; un bulto negro yacia acurrucado. Si he de ser honesta mi primer pensamiento fue correr; correr lo mas lejos posible, llamar a Harry, a Ron, a McGonagall, al ministerio, a la policia y ¿Porqué no? Llamar a los bomberos. Un sonido ahogado salio del bulto; y eso me despertó de mi encimismamiento.

Me acerqué lentamente, manteniendome siempre alerta, siempre atenta. El bulto, se movia levemente, y más sonidos escapaban de él. Me arrodillé a un lado manteniendo una distancia prudente; y estiré mi mano libre. Cuando mis dedos conectaron con el bulto, el mismo se sobresaltó.

Más rápida que un parpadeo, yo ya estaba escudada por uno de los sillones, con mi varita en alto y sin despegar mis ojos de la figura que ahora estaba boca arriba, respirando trabajosamente. En ese momento noté el charco oscuro que se formaba bajo él. Todo por su peso cae. Resonó en mi mente. Debia darme la vuelta y volver a mi habitación, arroparme en mi cama y ocultarme hasta que el riesgo pase.

Di media vuelta y comence a subir las escaleras, entre en mi habitacion y me acerque al armario. Una pequeña caja era lo que buscaba; cuando la tuve en mis manos, sali nuevamente e ingrese en el baño. Agarré un par de toallas y bajé nuevamente las escaleras mientras mi mente me maldecia por mi naturaleza.

Encendi las luces, ya que no sabia qué tan grave estaba. Me arrodille a su lado, acomodando las toallas y la caja a cada lado, mi varita aún empuñada en mi mano. Las serpientes son traicioneras, peor si están heridas. Malfoy mantenia los ojos fuertemente cerrados ya sea por la luz o el dolor, e internamente esperaba que fuera por dolor.

-Escucha y presta atención, porque sólo lo diré una vez; estas sangrando, voy a curarte, y mañana haremos como que nada de esto pasó. ¿De acuerdo?- Él masculló una respuesta, pero fue cortado por un quejido- Si te sirve de consuelo, esto me desagrada tanto o más que a ti.

Dicho eso, buscó las tijeras en la pequeña caja; la cual mediante un hechizo agrandador estaba provisto de todos los objetos necesarios de primeros auxilios tanto muggle como magicos. Con la tijera en una mano, y la varita aun en la otra, comenzó a recortar el lado izquierdo de la tunica de Malfoy. La tela está empapada en sangre, mis dedos poco a poco se van tiñiendo también. La camisa blanca no es más que un manchon rojo oscuro. La corto también; de mis labios nace una exclamación, y de los de Malfoy otro quejido.

La herida es una cascada de sangre, visto con ironia podria decir que parece la mordida de un tiburon, justo bajo la ultima costilla y el hueso de la cadera. La piel alrededor está gris por la perdida del liquido vital. Sacó una poción cicatrizante, un manojo de gasas, y una poción generadora de sangre del botiquin. Unto la poción cicatrizante, mientras recito el hechizo que une las capas de piel; sobre la gran herida, satifecha de ver que poco a poco la piel se regenera y cubre el abismo que separaba las dos puntas. Los quejidos de él se desvanecieron cuando cayó inconsciente.

Cubro la pequeña marca donde antes estaba la herida, con algunas gasas y cinta; cuidando de no tocar o ejercer presion pues la zona aún esta sanando. Me levanto, observando desde mi altura la obra a mis pies, dantesco. Voy a la cocina, busco un vaso y lo lleno con agua; vuelvo al lado de Malfoy. Sus ojos ya no estan apretados y su respiracion esta más relajada; le levanto la cabeza y lo obligo a abrir la boca con mis manos, vierto la poción para reponerle la sangre maldiciendo cuando dos hilillos de poción corren por los lados. Malfoy tose, queriendo escupir la poción; mas lo inmovilizo apretando más fuerte su cabeza y obligandolo a beber.

Hace años soy testigo de la magia, pero todavia me asombran sus efectos. Su rapidez, y su efectividad; lentamente con el correr de los minutos el rostro de la serpiente vuelve a tener algo de color, no abandona su palidez natural, pero ya es un palido más sano que aquel gris mortecino con el qué lo encontré.

Suspiro aliviada, no soy medimaga, ni tampoco enfermera; pero he aprendido con dos amigos propensos a los problemas, como curar distintas heridas. Observo el rostro de mi rival, de este joven no mayor que yo; del asesino de mis padres. Su rostro anguloso, su nariz aristrocatica; sus cejas y su cabello platino, sus labios finos que normalmente muestran desprecio y muecas de arrogancia ahora yacen relajados, casi perfectos. De niña solía visitar museos con mis padres, bien podria comparar el rostro de Malfoy con el de una escultura griega. Hermoso.

Me detengo en ese pensamiento y un escalofrio me recorre; aun sostengo la cabeza de él con mis manos. Lo suelto lentamente, no quiero ser la culpable de que sufra una contusión estando inconsciente. Una vez que esta en el suelo, saco mi varita y lo levito. Lo mantengo en el aire, mientras recojo mis utencillos, limpiando el suelo con los restos de su tunica; que lo tome como pago por mis servicios si así lo desea en la mañana.

Lo levito de camino a su habitacion; una vez adentro lo deposito en su cama. Hace frio en esta habitacion, y el ventanal abierto es el culpable de las brisas que corren enfriando el ambiente. La cierro manualmente; y me acerco a la cama; Malfoy tiene su camisa antiguamente blanca, cortada en el lado izquierdo, la sangre aún esta fresca. Titubeando, lo manipulo lentamente para sacarsela. Cuando ya esta con el torso desnudo, no es la marca en su brazo lo que llama mi atencion. Son las marcas. Un tejido intrincado de pequeñas y grandes lineas blancas, de distintos grosores y longitudes cruzan su palido pecho, algunas siguen por sobre sus hombros hacia su espalda; algunas estan en sus brazos, y otras cruzan su abdomen y se pierden en la cintura de sus pantalones. ¿Tendra las piernas y la espalda igualmente decorada?

Me ruborizo. No deberia estar observandolo así, y es probable que se enfurezca si lo supiera. Yo deberia estar enfurecida por ese pensamiento, y en eso me mentalizo mientras lo cubro con las mantas y me alejo como alma que lleva el demonio de su habitación.

Una vez en mi habitación, lanzo los hechizos protectores. Me recuesto, con los restos de la sangre que manchan mis manos y mis pantalones, me tapo hasta la cabeza; y espero pacientemente que el sueño me arranque lejos. Pero el sueño no llega, y mi suerte es infernal. Porque mi paraíso onírico se transformo en un infierno con imágenes de él; de sus cicatrices, de sus enigmas.

Disarm meDonde viven las historias. Descúbrelo ahora