Hacía tanto tiempo que no nos veiamos que casi me olvidé de tu cara.
El tiempo (como nunca) no se había detenido y ambos cambiamos. Bueno, eso parecía.
Al principio eras demasiado serio, costaba hacerte sonreir. Respondias a todas mis preguntas educada y formalmente. Apenas gastabas bromas y te sentabas de copiloto para evitar el incomo lugar entre nosotras dos. Te comportabas casi como un extraño.
Pero el dia fue avanzando. A base de suerte y chistes malos conseguimos oir tu risa, incluso te animaste a contar de los tuyos. Quizas nos metimos demasiado contigo, mas era el hecho de tantos meses transcurridos sin un simple saludo o un ratito juntos. Puede que fuera la nostalgia de cuando eramos felices y más jovenes, de las Noches Buenas en familia al completo, sin ausencias, esperando al supuesto Papa Noël. Todos compinchados para hacernos creer a nosotras dos que no era nuestro padre. Me da pena que los malos rollos empezaran tan pronto, no te culpo, maldigo las cirscunstancias.
Recuerdo las visitas a vuestra casa de campo en verano, los baños en la piscina, tus maravillosas aves, eternas historias de amor entre agapornis. No se me olvidan las natillas con galletas de la tia, ni la macedonia del tio, ni el erizo que encontramos. Tampoco la amaca del jardin o la rana de mascota. No te lo vas a creer, pero recuerdo cuando viniste a verme al hospital, a cuidar de mi, a enseñarme a jugar a los barcos, que importante fuiste (y eres) para mí. Tambien guardo en mi memoria cuando invadiamos tu habitacion y queriamos probar tu arco, observar tu acuario lleno de peces multicolores ¿seguro que todos tenian nombre? Ay, el jamón, que no se me olviden las meriendas basadas en trozos de jamón. Me acuerdo de tantas cosas que dirias que es mentira, pero todos bonitos recuerdos.
Que rabia que el paso del tiempo suela ser sinónimo de distanciarnos. Ojalá no lo fuera. De hecho puede no serlo. Hagamos que no lo sea.
