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— ¿Y cómo está Rin? — Preguntó la rubia algo preocupada.

— Bien, aún debe hacer reposo, pero está mejor. — Informó el Okumura menor.

— Me alegra oír eso.
Bien, gracias Yuki-Chan. — Se despidió ésta, dejando solos al dormido Rin y al responsable Yukio.

— Uf... — Suspiró el exorcista, sentándose a un lado de su hermano — Dios mío, Rin, siempre metiéndote en problemas... — Murmuró estresado, mientras observaba toda la ropa esparcida por doquier. — Cuando te mejores tendrás que limpiar todo esto quieras o no... — Volvió a susurrar, como si fuera para sí mismo; aunque refiriéndose al peliazul.

— ¿Yu...Kio? — Tartamudeó dicho anteriormente, entreabriendo los ojos algo cansado.

— ¿Mhm? Wow, qué rápido despertaste, Nii-san. — Aclaró sin notar el cambio leve en los ojos del mayor.

— ¿Qué pasó? 

— ¿Mhm? Ah, es algo complicado de explicar.
Digamos que bebiste un experimento que estábamos fabricando con Shima, Suguro y Miwa, para la clase de ciencias.

— ¿El agüita esa? — Preguntó sacando la lengüa levemente y chasquéandola con su paladar como si tuviera sed — Tenía un sabor raro.

— No era agua, Nii-san.

— ¿Y para qué querían fabricar agüita? Digo, hay de sobra en el mundo.

—Nii-san, no es agua, ya te lo dije. Era un experimento que debíamos fabricar. La consigna era que genere un cambio químico ; pero creo que nos fuimos por las ramas de la fantasía.
Queríamos lograr que cualquier cosa o persona que entre en contacto con él reduzca su tamaño, pero cierto entrometido bebió del frasco equivocado.

— Te recuerdo que fueron ustedes los que me pidieron ayuda. Fue todo su culpa.

— O tal vez la tuya por no prestar atención.
Pero no importa, ya está. No podemos cambiar lo hecho. — Agregó levantándose del suelo — Necesitas hacer reposo, así que descansa, ¿Ok?. — Abrió la puerta de la habitación y se retiró con precaución —.

— "O tal vez la tuya por no prestar atención" Cuatro Ojos estúpido. — Manifestó el otro una vez estaba completamente seguro de que su hermano se había ido.

Sin embargo, se detuvo a pensar seriamente.
Observando cada detalle de su habitación, cada partícula, cada pantalón fuera de lugar y cada camiseta colgando de la puerta del armario.

— Ña.... — Suspiró — Lo limpiará Yukio más tarde. — Susurró, y volvió a acostarse para dormir.

Sin embargo, por más que intentase e intentase, nada pasaba.
No podía dormir, y sentía que todas las cosas que tenía pendientes por hacer se pusieran todas de acuerdo en un momento, para juntarse y darle un tremendo resoplón en la cabeza al chico.

Y entonces, en medio de la madrugada, esas camisetas y pantalones por ordenar simplemente se convirtieron en una de las tantas cosas que debía hacer. Y si no se comenzaba en el momento, sería una larga lista de tal tamaño que podría utilizarse para tejer una manta.
De papel, claro.

— Me duele la cabeza... — Se quejó incómodo, pero sin dejar de ver toda esa ropa desparramada, claramente sólo en su sector. Pues, en el sector de Yukio, todo estaba perfectamente ordenado. — Necesito hacer esto... — Se levantó en medio de la oscuridad, no se molestó en encender la luz e inmediatamente se dispuso a tomar cada prenda esparcida por el suelo, doblarla, y guardarla en su respectivo cajón.

¡Me Siento Responsable! «A Blue Exorcist Story»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora