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Era un mundo en el que lo tenía todo. Era verde claro su silencio, y en la aurora se dejaba recorrer por los vientos de los árboles. Nunca había un momento para contrariarlo, era el rey, era el terremoto. A cada paso él decidía por los otros. Era en sus sueños, que ese niño lo tenía todo. El despertar era una imagen que no reconocía, sus días se pasaban intentando descifrarse. Quizá alguna vez el niño entendió que soñaba, pero él solo ansiaba una realidad controlada. Jugó con sus ojos, el niño tendió sus alas. Se alargó los pies para caminar sobre todas las montañas. Fue un volcán, fue un horizonte. El niño fue en el cielo los aviones muertos de la noche.

Pero fue también la burla de todos los que no creían que en su cama él lo era todo y tenía lo que ellos no pedían. El niño ya no quiso regresar, pero aún despertaba por sus pasos continuar. El niño cerró sus ojos a la vida, y en un sueño embarcó. Decidió que no volvería cuando la realidad lo delató. El niño se perdió en una historia, de esas que se cantan a los recién nacidos cuando duermen.


Cerebros (completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora