XIII

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-¡Ciel! -Repitió al no obtener respuesta- ¿Qué te pasa?

-¿E-eh? -Volvió lentamente el rostro hacia ella.

-Será mejor que vayamos a descansar, está siendo una noche demasiado larga -apoyando una mano en su hombro, le dio un suave beso en la mejilla.

(...)

Habían pasado ya meses y sentían estar tan cerca como de lejos de la solución, pero Ciel ya comenzaba a justificar sus sospechas.

(...)

Las gotas de agua hacían eco al caer con el resto, había vapor en el ambiente y las manos del mayordomo frotaban el cabello del conde.

-Sebastian -dijo aún manteniendo los ojos cerrados-. Se lo voy a contar.

-¿Disculpe? ¿No se referirá a...?

-Sí. Creo que ya es hora de que lo sepa.

-Vaya, señor. Lady Itami le ha agradado más de lo que me esperaba- comentó tranquilo.

Ciel se removió en su sitio con incomodidad, provocando que cayera algo de agua fuera.

-E-es sólo para facilitar el trabajo, por si hay alguna emergencia.

-Ya veo.

Ciel cortó la conversación levantándose de la bañera, dejando que Sebastian lo envolviese en una toalla.

(...)

Se encontraban besándose. No sabían cómo había terminado así la conversación sobre la economía actual de hacía unos minutos... Pero ninguno de los dos se quejaba.

Ciel le había ordenado a Sebastian que sirviese el almuerzo en un picnic, junto a los rosales blancos de su amplio jardín. Soma anunció que ahora se dedicaba a regalar pan de curry todo el día por los barrios pobres; Elizabeth tuvo que volver a su mansión por un campeonato de esgrima que se celebraría el mes que viene. Por lo que quedándose solos, no desaprovecharían el momento.

El beso subió de tono y Ciel mordió el labio inferior de ______ para introducir su lengua; en cuanto ______ se dispuso a inmiscuir sus manos por la camisa del joven, éste dio un respingo apartándose de ella bruscamente.

-E-espera -aquella reacción sorprendió con creces a la {c/o}___-. Antes tengo que contarte algo muy importante, ______.

La cogió de la mano y entraron a una de las varias salas de descanso.

El conde no es que fuera una persona que se andase con rodeos... La verdad sea dicha. Y hablando de verdades:

-Soy un demonio.

-¿Qué? -Cada vez que Ciel le contaba algo sobre él, le parecía aún más extraño.

-Cuando te dije eso en la fiesta... Lo reconozco: lo dije porque tenía miedo. Miedo de que no me aceptaras, y de que si sabías la verdad, me dejarías y no confiarías en mí, sentía miedo a tu rechazo. Tampoco tenía pensado enamorarme a estas alturas. ¿Qué pasaría cuando vieras que sólo tú envejeces de verdad?

-¿A-acabas de decir enamorarte?

Antes de poder ser respondida, la habitación pareció sumergirse en la oscuridad, niebla espesa y negra también se adueñó del ambiente. La pupila de Ciel se volvió tan fina como la de un gato y el iris de un flamante rojo. Por primera vez lo vio quitarse el parche. Aquel parche que despertaba su curiosidad. Había un sello en su ojo derecho, exactamente igual que los de la habitación de la residencia del Zorro Escarlata, era violeta y brilló cuando de la nada apareció Sebastian. Con los mismos ojos brillantes y gatunos de Ciel.

-Los secretos están encerrados, y su único deseo es escapar -llamado el mayordomo, se encontraba a su lado sabiendo lo que venía.

-¿Q-qué? No entiendo. ¿Qué es eso? -Lo único que podía hacer era mantenerse en alerta gracias a su instinto; intercambiaba la mirada de uno a otro, intentando asimilar. De pronto se tranquilizó y caminó a paso tranquilo.

Ciel quedó estático al sentir los brazos de la joven rodeándolo en el abrazo más cálido de su vida.

-¿Era por esto por lo que te pusiste así aquel día? Debiste decírmelo antes, Ciel.

-Un momento, no te creo. ¿Por qué no me tienes miedo?

-Bueno... Sé que en este mundo existen cosas inexplicables e inverosímiles. También sé lo mucho que sufriste y no debería juzgarte por ello. Claro que no todos los días te enteras de que la persona que te gusta en realidad es un demonio cuyo mayordomo lo es también.

El conde no daba crédito de lo que sus oídos presenciaban. _______ bajó la mirada y él pudo ver un fugaz destello de decepción.

-¿Os comeréis mi alma? No le temo a la muerte. Pero lo que no dudo, es que si realmente quisieras acabar con mi existencia, ya lo hubieras hecho. Por eso te pregunto, Ciel: ¿Qué es lo que de verdad sientes por mí? -Lo miraba con ojos expectantes. Se encogió bajo su mirada {c/o}___ y sufría una gran batalla dentro de su cabeza. Si tan claro estaba como parecía, ¿por qué sentía que le costaba tanto?

Al ver que no procedería a hablar, se alejó de él.

-Espera, ______... Yo... -Si no fuera porque la tenía delante, estaría gritando de frustración.

-Es por Elizabeth, ¿verdad? Lo entiendo -en el momento en que iba a reprochar, lo interrumpió- ¿P-podría irme un rato? Me siento algo cansada.

_______ caminó hacia la salida, dejando al demonio sintiéndose un idiota. Regresó a su habitación, sentándose en la suave cama.

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Bueno, gente. 7u7 Hasta aquí llega el maratón~ Ojalá que esto compense el tiempo que he estado sin actualizar.

Se despide, Nat. 7n7r

La Silenciadora {Ciel Phantomhive y tú}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora